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Twitter, los periodistas y las fuentes: del desierto a la selva

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Twitter trae una ventaja y una desventaja para los periodistas y ambas son la misma: hay más fuentes que nunca. Hace unos años si alguien quería publicar algo, tenía solo tres opciones: tener un medio, poner un anuncio o conocer a un periodista. La más barata y común era la tercera. Las fuentes sabían que debían acudir a los periodistas y los periodistas controlaban y cuidaban a sus fuentes.

Ahora no. Internet permite publicar de todo. Cualquiera puede colgar sus vídeos, fotos, opiniones, noticias, y cualquiera puede verlos. El trabajo del periodista ya no es solo hacer hablar a sus fuentes habituales. Ahora también puede buscar indicios y contrastar entre miles de ellas. Todas tienen opciones de llegar al público sin la mediación del periodista.

Algunos periodistas o medios pueden creer que su trabajo no es tan necesario, pero no es cierto. Antes había poca información; ahora hay demasiada. El reto de la prensa es encontrar la justa y buena, y el objetivo es el mismo; antes había un desierto de fuentes y ahora una selva.

Antes, el portavoz del Departamento de Estado era escuchado solo en función de su cargo. Ahora es importante también después de dejarlo. Que haya más fuentes individuales, inmediatas y puntuales no quita que el modo de elaborar y comprobar la información sea el mismo de antes.

Buena parte del público busca aún la fiabilidad de un periodista —o de alguien que se haya ganado la credibilidad— para que le separe hechos de rumores y le cuente lo que debe saber sobre un tema. La noticia o el contexto pueden surgir de muchos sitios y, aunque es probable aún que las agencias o las grandes cadenas la confirmen en seguida —tienen más medios—, a veces ya no son los primeros ni los que dan la información más completa.

Siempre ha habido fuentes buenas y malas, ahora hay más fuentes buenas y malas

La noche del 1 de mayo, la Casa Blanca anunció que el presidente Obama haría una declaración urgente. Algo grave había pasado. En Twitter empezó la especulación. Dos personas acertaron rápido. @commentzaki escribió: «Intuyo que hemos cazado a bin Laden»; poco después @speechboy71: «Diría que OBL está muerto. Quiero ser el primero en twitter en empezar una especulación total que pueda ser la buena».

Ninguno de los dos tuiteos llegó muy lejos. El mensaje que despegó fue este, de Keith Urban:


Había tres diferencias con los dos anteriores: Urban fue el jefe de gabinete del exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld, decía que se lo había dicho alguien «fiable» y advirtió de su especulación en un tuiteo aparte: «No sé si es verdad, pero recemos para que lo sea». Este segundo tuiteo recibió solo 29 retuiteos. El primero, centenares. Un periodista de medios del New York Times, Brian Stelter, lo convirtió en esto: «Jefe de gabinete del exsecretario de Defensa Rumsfeld, @keithurban, tuitea: “Me dice alguien fiable que han matado a Osama bin Laden”».

La especulación se había convertido en noticia porque lo decía alguien con buenas fuentes. El periodismo tradicional se basa muchas veces en fuentes anónimas como la de Urban. Twitter, también. El mérito del buen periodista es dar con la buena fuente en el momento justo. Hace 10 años había que conocer a Urban, tener su teléfono y llamarlo; ahora puede verse su tuiteo. Brian Stelter y muchos otros lo hicieron y acertaron. Es el mismo trabajo que antes, pero las opciones se multiplican. Está claro que el periodista tradicional tiene más trabajo y menos poder. Sobre todo porque no se necesita un medio para publicar.

Pero no siempre es tan fácil. El periodista tecnológico Mathew Ingram tuiteó en octubre de 2008 que Steve Jobs, de Apple, había tenido un ataque al corazón:

Las acciones de Apple bajaron ligeramente. La fuente era una web de periodismo ciudadano de la CNN, iReport. Ingram decía en su tuiteo que era sin confirmar, pero la noticia era falsa y corrió igual.

En España han ocurrido casos similares. El 15 de abril El Norte de Castilla publicó un «urgente» en su web: «Fallece el periodista y escritor Manu Leguineche». En Twitter la noticia se difundió rápido. Muchos tuiteos comentaban la muerte sin dar la fuente. Al rato, El Norte la retiró y todos culparon al diario del error. El Norte de Castilla no ha publicado por qué se equivocó. Sí que lo explicó la National Public Radio cuando dijo que la congresista Gabrielle Giffords había muerto de un tiro en la cabeza. No era verdad. Las dos fuentes de NPR eran las típicas de los periodistas: la policía local y una gubernamental. Pero dieron información errónea, algo que pasa muchas veces. El problema es que ahora se difunde a una velocidad extraordinaria y en seguida se ve quién ha fallado.

En ninguno de los tres casos la culpa directa fue de Twitter, sino de la mala selección de las fuentes previas. Cada noticia tiene una solución distinta, pero el método no cambia: contrastar (en el caso de Leguineche) o esperar a que haya más y mejores fuentes fiables (en los de Jobs y Giffords).

En Twitter también hay miles de fuentes malas. Hay ejemplos diarios de cuentas que dan noticias por reales y son falsas.

Todas las fuentes tienen sus intereses, aunque los que tienen intereses de verdad procuran arreglarlo rápido para no perder lo más importante, la fiabilidad.

Pero si un periodista da esa noticia, el problema pasa a ser suyo. Hay varios modos de comprobar las fuentes en Twitter:

  • Quién es: es difícil que un ciudadano pueda ser el primero en conocer grandes noticias, como la de Chávez. En esos casos hay que desconfiar mucho. Pero sí puede alguien encontrarse con un terremoto, un accidente o una manifestación. El mejor modo para saber si es creíble es mirar quién lo dice: ¿Sus tuiteos anteriores son normales y habituales? ¿Podía estar en el lugar de los hechos? ¿Puede tener algún interés? ¿A quién sigue y quién le sigue? Ayuda mucho tener fuentes ya seleccionadas de los lugares donde pueden darse noticias y no se puede mandar a periodistas. El mejor modo de averiguar el nivel de fiabilidad en los tuiteos de alguien es seguirle unos días y comprobar cuántas de las cosas que dice se convierten luego en hechos comprobados. Igual que se ha hecho siempre con las fuentes: hay que ponerlas a prueba. Como regla general, no baso ninguna noticia en una fuente que acabo de encontrar. Sí que la utilizo para empezar a buscar si lo que dice es verdad.
  • Qué pasa: ese es el segundo método, sobre todo en breaking news: abrir una vía paralela y buscar confirmaciones con palabras clave: en Twitter, en Google News o en la web. ¿Hay alguien que dice o habla de lo mismo? ¿Quiénes son? ¿Hay quizá alguien que sea fiable en ese mismo lugar?
  • Hablar con la fuente: Twitter no es solo una fuente para información puntual. Es fácil contactar con el autor de un tuiteo. En algunos casos se puede hablar con quien haya detrás para contrastar algún dato y, sobre todo, conservarlo en la agenda para otras veces.

Las fotos y los vídeos no son definitivos

Las imágenes sirven a menudo para confirmar una noticia en Twitter. Pero cada vez hay que ir con más cuidado. El tratamiento fotográfico no es nuevo, pero ahora es más fácil y requiere menos medios. Así que está más extendido. Estas dos fotos deben levantar suspicacias. Una es verdadera, y la otra, no.

Nadie esperaba la imagen del avión y de repente empezó a correr. Es un ejemplo perfecto de una fuente fiable en Twitter: ya había quien había tuiteado que había visto caer un avión al río Hudson y la cuenta de Twitter de Janis Krums —el autor de la foto— encajaba con la de un ciudadano que podía realmente encontrarse en el lugar de los hechos.

En cambio, el mundo esperaba la foto de Bin Laden, y por eso llegó en seguida a webs de periódicos. Con una simple búsqueda el Guardian demostraba que la foto era falsa. Primero hay que comprobar de dónde surge cada imagen o vídeo o quién se ha encargado de hacerlo correr; es esencial en algunas noticias intentar llegar hasta los primeros tuiteos que han difundido algo. Ahí suele estar la clave. Pero  hay herramientas técnicas que permiten contrastar la veracidad de una imagen (aquí hay varias buenas). Además, Google tiene ya su búsqueda de imágenes similares. Es un buen método para dar con fotos retocadas.

Por mucho Twitter, el periodismo no cambia

El trabajo del periodista es el mismo que antes: contrastar las fuentes, saber si lo que cuentan es verdad. La tradición dice, más o menos, que si dos personas distintas cuentan el mismo hecho, se puede dar por bueno. En Twitter habría que añadir una tercera.

Twitter propaga con facilidad más rumores. Pero también permite detectar mentiras más rápido. Los medios deben aprovecharlo para ser más precisos, porque también es más fácil pillarlos. Los afectados tienen más modos de decir que la noticia de la tele no es exacta. Cada vez es más común que ciudadanos predispuestos ayuden a descubrir que una foto es falsa. También es más fácil comprobar qué dicen varias agencias o medios sobre el mismo acontecimiento. Todo está en internet.

Twitter da más medios a todos. Los periodistas no pueden quedarse atrás y lamentar que la información se haya expandido, todos pueden ponerse a su nivel. La difícil tarea de descubrir qué ocurre de verdad es igual de necesaria. Solo que hay más medios. Es un reto nuevo y todo reto trae oportunidades.

 

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