En las postrimerías del área  (CRÓNICA)

Foto: ©Agencia Efe/Fernando Alvarado

Los futbolistas viajan sin cesar: al principio, con el fin de ponerse en forma e integrar a los fichajes, los equipos se desplazan a su habitual concentración de pretemporada; luego, una vez que empieza la Liga BBVA, la plantilla entera se recorre el país de cabo a rabo, y, por fin, en verano, en su tiempo libre de descanso, los jugadores parten a sus destinos vacacionales.

Visto así, uno se pregunta si Gila no se inspiró en los profesionales del balompié al concebir su monólogo sobre los viajes organizados al extranjero, diecinueve países en once días, una auténtica maravilla, oye:

—Que me hago pipí.

—¡En Holanda, señora!

El deportista cambia de ciudad y país tantas veces que quizá confunda fechas y lugares, sábados con miércoles, Cádiz con Cardiff. Se trata de un caos superado tan solo por el sufrido por los personajes de la serie Perdidos, a los que les movían la isla en la que habían naufragado y el año en el que estaban viviendo, y por algunas noticias futbolísticas que incluyen la expresión las postrimerías del área, síntoma revelador de trastorno espaciotemporal.

Más frecuentes en las retransmisiones por radio o televisión, también la prensa escrita recoge con cierta frecuencia frases como «Se confió en la entrega el central realista en las postrimerías del área», «Una jugada valiente del centrocampista, que vio pasillo desde cerca del círculo central, lo llevó hasta las postrimerías del área» o «Esto solo sería el preludio del tanto local tras una gran jugada trenzada en las postrimerías del área».

La mayoría de los hablantes, sin embargo, saben que el sustantivo femenino postrimería, usado por lo común en plural (postrimerías), alude al ‘periodo último de la duración de algo’, tal como indica el Diccionario académico. Esto es, apunta a un referente temporal, no espacial.

Por tanto, nada extraño habrá en anunciar que se llega a las postrimerías de un partido, con lo que se hace referencia a sus últimos minutos; las postrimerías del área, en cambio, constituye toda una torcedura lingüística, tan dolorosa al oído como un esguince de tobillo.

Hablando y escribiendo con más precisión y naturalidad, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito «Se confió en la entrega el central realista en las inmediaciones del área», «Una jugada valiente del centrocampista, que vio pasillo desde cerca del círculo central, lo llevó hasta el borde del área» o, lo más sencillo, «Esto solo sería el preludio del tanto local tras una gran jugada trenzada cerca del área».

Uno entiende que es extenuante: narrar una jornada completa termina por agotar a cualquiera. Pero, así como los futbolistas descansan entre viaje a viaje, del mismo modo es necesario que quien retransmite los partidos repose entre frase y frase para tomar conciencia de lo que va diciendo. Si no, ocurrirá como con aquel otro monólogo de Gila: que se desgastan el patio y el niño, el locutor y el rigor lingüístico.

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