Los tratamientos san, santo y santa, cuando no forman parte de un nombre propio, se escriben con minúscula.
Sin embargo, pueden encontrarse ejemplos como estos en los medios de comunicación: «El papa León XIV visita Asís, la tierra de San Francisco», «Así era el verdadero rostro de Santa Teresa de Jesús» o «La vida de Santa Laura Montoya llega a las librerías con la novela La mujer que abrazó la selva».
La Ortografía de la lengua española indica que los tratamientos, que son apelativos que se usan para dirigirse o para aludir a una persona, se escriben con minúscula inicial, ya que son adjetivos o nombres comunes. Así, no es apropiado escribir los antenombres (es decir, aquellos tratamientos que siempre se anteponen al nombre propio), como san, santo/a, don, doña…, con mayúscula.
De esta forma, en los ejemplos iniciales, lo adecuado habría sido escribir «El papa León XIV visita Asís, la tierra de san Francisco», «Así era el verdadero rostro de santa Teresa de Jesús» y «La vida de santa Laura Montoya llega a las librerías con la novela La mujer que abrazó la selva».
En cambio, la obra antes mencionada señala que estos términos sí se escriben con mayúscula cuando no funcionan como tratamientos, sino que forman parte de un nombre propio, como puede ser un topónimo, el nombre de un monumento o de una festividad; por ejemplo: «Vivió dos años en San Francisco», «Nos vemos en la plaza de Santa Catarina» o «Empieza el veranillo de San Miguel».
También van con mayúscula las abreviaturas de estas voces: S. Francisco, Sta. Teresa, Sto. Tomás…
Por último, se recuerda que el tratamiento san se escribe sin tilde, pues los monosílabos no se acentúan, salvo aquellos a los que les corresponde la tilde diacrítica.

