Fútbol de encaje  (CRÓNICA)

Foto: ©Archivo Efe/Ballesteros

Dar es recibir: si Koke nutre de asistencias a Diego Costa, el primero ve devuelto su regalo con la dedicatoria del gol recién marcado; si Diego Costa se dedica a antagonizar y meter gresca, más pronto que tarde se encontrará con un plantillazo.

Sí, por contradictorio que suene, dar es recibir. En realidad, el ser humano vive inmerso en la paradoja y, en concreto, el lenguaje deportivo nos brinda el verbo encajar, que lo mismo se emplea para indicar que un portero ha recibido un gol como para informar de que un jugador lo ha marcado.

No es extraño, en efecto, encontrar frases como «Dado que los bilbaínos solo han encajado seis tantos, son el tercer conjunto que mejor balance de goles posee» y «De las catorce ocasiones de gol que tuvo el conjunto de Clarence Seedorf en el encuentro, no encajó ni una».

Siendo mucho más frecuente el primer uso, el Diccionario del estudiante recoge ambas acepciones: ‘Recibir algo doloroso o desagradable’ y ‘Hacer que alguien reciba algo doloroso o desagradable’.

Así, si en vez de un campo de fútbol acercamos líneas y nos metemos en un cuadrilátero, comprobaremos —punto uno— que podemos ser muy animales emprendiéndola a puñetazos reglamentariamente y —punto dos— que tanto encaja quien golpea como el boxeador que acusa los mandobles.

Estos ejemplos lo ilustran: «En el cuarto asalto le encajó una buena izquierda en la quijada que le hizo poner las rodillas en la lona» y «Durante el siguiente asalto, el boxeador esquivó golpes, encajó otros, se movió con gracilidad por el cuadrilátero».

Dar es recibir, encajar un gol es tanto anotarlo en el propio casillero como verlo subir al marcador contrario, y Diego Costa debutó el pasado miércoles pasado con la Roja probablemente debido a que una lesión cuando se disponía a abandonar el Atlético de Madrid rumbo a Turquía lo obligó a permanecer en el club rojiblanco. En la realidad integradora de las paradojas, una mala noticia es también una noticia buena.

Ya solo falta que este magnífico «brasiñol» atempere su carácter y se adapte a nuestro fútbol de toque preciosista y estilo ajeno a pendencias. Disputará el puesto en la delantera, esto sí, con su compañero Villa, que este sábado logró un doblete. De aquí al Mundial de Brasil, ¿conseguirá Del Bosque que todas las piezas encajen?

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