El Atlético campeona en España  (CRÓNICA)

Foto: ©Archivo Efe/Víctor Lerena

Fiel a su estilo, sufriendo y haciendo sufrir hasta el último segundo, sobreponiéndose a dos lesiones y al golazo inesperado de Alexis, el Atlético de Madrid, el querido Atleti de los colchoneros, logró campeonar en España dieciocho años después.

Ocurra lo que ocurra en Lisboa, los pupilos de Simeone ya tienen premio a su magnífica temporada. Él, como máximo responsable del equipo, es el gran artífice de este triunfo colosal, pues a dos colosos como el Barcelona y el Real Madrid ha logrado doblegar. Y él también, casi dos décadas atrás, fue pieza clave del histórico doblete del 96.

Como jugador entonces y como entrenador ahora, el Cholo, con sus gestos jaleando al público y sus testiculares palabras de encomio a la plantilla («Gracias a las mamás de estos chicos, que nacieron con unos huevos así de grandes»), conoce el camino del triunfo rojiblanco, el camino al corazón de los atléticos.

Argentina estará de fiesta. Ya fuese el Cholo o el Tata, lo que estaba claro el sábado era que un técnico de su tierra y sangre iba a salir vencedor de esta Liga BBVA. El cholismo se encumbra en España y la Liga de Campeones puede también coronarlo en Europa.

La Orejona, seguro, será un trofeo para Madrid, y recuérdese que Madrid no es solo de los madrileños o, como suele decirse, madrileño es todo aquel que en Madrid vive. ¿Cuántos extranjeros integran la plantilla de Cerezo?, ¿acaso el triunfo del Manzanares no alcanza a tocar costas atlánticas?, ¿habrá uruguayo futbolero que no haya festejado el gol de Godín?

Y de allí, de Argentina y Uruguay, de Bolivia y Ecuador, y de Chile y de México y Perú, sobre todo de Perú, procede también el verbo campeonar. Nada puede objetarse a su empleo, ya sea escrito u oral, por más que a oídos ibéricos extrañe: al fin y al cabo, el idioma español cuenta con tantas madres como la victoria, esto es, pertenece igualmente a todos los millones de hispanohablantes, no solo a los nacidos en la madre patria.

Campeonar, como Simeone, viene de América y el criterio del uso extendido, cuánto más si se da entre hablantes cultos, supone en sí excelente carta de presentación. Los corpus léxicos de la Academia incluyen ejemplos con este verbo que datan de 1995 y muestran, además, una expansión creciente por numerosos países.

Y así, con suavidad, como agua que riega y hace crecer el césped de los campos de fútbol, los periódicos españoles han empezado a acoger también este verbo intransitivo, equivalente a ‘ganar un campeonato’: «El Atlético de Madrid logró campeonar en la Liga Española después de 18 años de sequía», han titulado en Perú, y en la jornada anterior podían leerse en España frases como «Martino confía vencer a Atlético de Madrid y campeonar en el Camp Nou» o «Caballero se había encargado de desmoronar la última opción del ‘Atleti’ de campeonar ante su hinchada».

A partir de lesión, selección, presión o sanción se forman lesionar, seleccionar, presionar y sancionar. ¿Por qué de campeón no crear campeonar? Cierto es que todos estos sustantivos terminan en -ión, pero tampoco faltan ejemplos sin tal diptongo: de esa hambre de títulos de Simeone, de ese deseo del Cholo surge el desear. ¿Qué oponer a campeonar? Si el empleo está asentado y la formación es regular, ¿no habrá que concluir que se trata de un término válido, intachable desde cualquier punto de vista?

Úsese, pues, con alegría para celebrar esta victoria merecida y cuantas puedan llegar. Y si el Atlético de Madrid perdiera en Lisboa, aun con eso podrá decir: «Campeoné en España. Basta ya de ser el Pupas». Las lesiones del primer tiempo hacían presagiar lo peor, la maldición de ese apelativo infausto que lo ha perseguido sin motivo como Bela Guttman al Benfica.

Y es que el Atlético no solo peleaba fuera de casa contra otros grandes equipos. Como Ulises al regresar junto a Penélope y encontrarse con otros pretendientes, también los colchoneros, además de superar al Barcelona y al Real Madrid, debían vencer a un adversario intestino: el peso de su propio victimismo. Este triunfo lo cambia todo. Aunque algunos jugadores salen maltrechos de la gesta y quizá no lleguen a la final de la Liga de Campeones, ahora sabemos que no se trata de impotentes pupas. Sabemos, y los futbolistas podrán gritarlo con orgullo, que los golpes recibidos son las heridas de la hazaña consumada, la marca del héroe, el recuerdo de la gloria en la batalla.

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