Noticias del español

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| Alexis Márquez Rodríguez
El Informador Barquisimeto (Venezuela)
Miércoles, 24 de mayo del 2006

CON LA LENGUA

Prodigar


Según el DRAE prodigar significa varias cosas: «Disipar, gastar pródigamente o con exceso y desperdicio algo. 2. Dar con profusión y abundancia. 3. Dispensar profusa y repetidamente elogios, favores, dádivas, etc. 4. pronom. Excederse indiscretamente en la exhi bición personal». Este mismo diccionario dice que el verbo prodigar deriva del adjetivo pródigo, al cual define como «Dicho de una persona: Que desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razón. 2. Que desprecia generosamente la vida u otra cosa estimada. 3. Que tiene o produce gran cantidad de algo: La naturaleza es más pródiga y fecunda que la imaginación humana».


María Moliner, en su Diccionario de uso del español, amplía aquellas definiciones. De pródigo dice: «Derrochador. Despilfarrador. Mal gastador. Se aplica a la persona que gasta su dinero o sus bienes con falta de prudencia. Constituye legalmente una causa de incapacitación y motivo para someter a tutela». Es decir, «a interdicción».

Todas las definiciones hacen referencia al despilfarro por el pródigo de sus propios bienes. Pero dejan fuera al que hace lo mismo, no con su fortuna, sino con los bienes ajenos que le son encomendados para su administración.

También se pone énfasis en calificar al pródigo de generoso, lo cual supone que en tal caso la prodigalidad se ejerce no en beneficio propio, sino en bien de los demás y sin aspirar a ninguna retribución. Pero no siempre es así, pues abundan los pródigos que regalan y despilfarran el dinero con el deliberado propósito de ganar el respaldo, la gratitud o aunque sea el simple aplauso de quien de ese modo es favorecido. Se trata, en consecuencia, de la prodigalidad al servicio del soborno.

Algunos diccionarios destacan la prodigalidad de otras cosas que no sea dinero: «El suele ser pródigo en afecto a los demás»; «Cada vez que me ve se prodiga en elogios para mi familia»; «Aquí la naturaleza es pródiga en alimentos»; «El siempre fue un padre pródigo en buenos consejos».

Es muy conocida la parábola del Hijo Pródigo, que se narra en el Evangelio de San Lucas. El segundo hijo de un padre rico le pide su parte de la herencia porque quiere irse a recorrer el mundo. El padre se la entrega y el joven se marcha, y se dedica a despilfarrar la fortuna recibida, siendo extremadamente dadivoso, lo cual le colma de supuestos amigos. Después de una larga sucesión de aventuras, que con la ruina traída por el despilfarro y el desenfreno en los placeres mundanos se truecan en amarguras y desgracias, el joven, famélico y en harapos, regresa a su casa, donde el padre lo recibe amorosamente. Este episodio bíblico ha sido tema de innumerables obras literarias, pictóricas y operísticas, aparte de que con frecuencia se hace referencia a él.

Prodigar deriva de pródigo, y éste de prodigus en Latín.

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