Noticias del español

|

| Júcaro
14deabril.wordpress.com,
Viernes, 18 de septiembre del 2009

YAZ NO ES JAZZ

A Juan, a quien no le gusta los académicos de la lengua ni probablemente el jazz.


Es costumbre de quien redacta este blog distraer el tiempo buscando palabras en el diccionario. Pasar páginas y detenerse en algunas de ellas, leer sus definiciones y las distintas acepciones es un entretenimiento que se remonta a las tardes de sopor y aburrimiento escolar. Este pasatiempo, me llevó recientemente a la palabra yaz. Así escrita, yaz, resulta poco reconocible pero al pronunciarla recuerda cierto tipo de música que escucho con frecuencia y de la que escribo alguna que otra vez.

Dicen que la tarea de los académicos de la lengua consiste en limpiar, fijar y dar esplendor, introduciendo reformas en la ortografía, incorporando nuevas palabras, añadiendo acepciones o admitiendo vocablos procedentes de otras lenguas, y todo ello con el propósito de mantener vivo el idioma y actualizado su vocabulario. De esta manera, en cada nueva edición del DRAE aparecen palabras que circulaban entre nosotros sin el certificado de oficialidad pertinente expedido por la Real Academia Española y que, al recogerse en su diccionario, adquieren el visto bueno y la legalidad académica.

Dada la riqueza léxica del castellano, algunas de los vocablos que usamos podrían sustituirse por otros. A modo de ejemplo, utilizamos el término blog cuando podríamos, por simplificación del cuaderno de bitácora, usar bitácora. Pero se impone, ya se ha impuesto, el vocablo anglosajón al castellano y probablemente, en las próximas ediciones del DRAE, aparezca blog como novedad aunque sería deseable que el bloguero, persona que administra, escribe o actualiza un blog, se imponga al blogger que acomete esas mismas tareas.

No hay que rasgarse las vestiduras. Puristas e inmovilistas de la lengua y todas las esencias deberían saber que el castellano recoge en su léxico palabras que tienen el origen en las aportaciones de las diferentes culturas; matemáticas, abogado, almohada o sabotaje son palabras que aceptamos como propias aunque procedan del griego, latín, árabe o francés, respectivamente. A mediados del siglo XX, cuando Estados Unidos se convierte en el referente mundial, nuestra lengua no permanece ajena a esa realidad ni a su predominio económico, político y cultural. Desde entonces muchos términos nos llegan del imperio aunque los aficionados al fútbol ya utilizaran órsay, penalti o córner para referirse a distintos lances de este deporte.

Si en 1970 el DRAE recoge la palabra yaz, en su primera acepción, como 'cierto género de música bailable derivado de ritmos y melodías de los negros norteamericanos', en la segunda se refiere como 'la orquesta especializada en la ejecución de este género musical'. Tan peculiar «castellanización» se mantiene en la edición de 1984 , en la de 1989 y en la más reciente de 1992 para desaparecer del diccionario en el 2001 donde se admite la voz inglesa jazz y se actualiza su definición.

En el tira y afloja constante entre la comunidad de hablantes y los «vigilantes» de la lengua se producen distorsiones; también, alguna paletada académica. Cuando en la edición de 1970 del DRAE se incorpora la palabra yaz, ignoro cuantas veces se había usado así, con esa grafía en noticias, artículos, o literatura de la época. Nuestros académicos deciden escribir yaz por jazz y ante el rotundo fracaso de la propuesta —ningún grupo de ilustres, por muy doctos y sensatos que pudieran ser, tiene capacidad para imponer su criterio—, se demoran en corregir el despropósito 21 años. Entonces, no sabría determinar si provoca mayor perplejidad la decisión de proponer esa castellanización del término o el tiempo transcurrido para corregir el entuerto.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: