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| Agencia EFE

Ve la luz un nuevo volumen del Diccionario de griego antiguo más extenso

La reina doña Sofía presidió la presentación del VII volumen del Diccionario griego-español, un ambicioso proyecto coordinado por el académico Francisco Rodríguez Adrados y que constituye el diccionario bilingüe más extenso y de mayor calidad del griego antiguo a una lengua moderna realizado hasta el momento.

Esta gran obra comenzó a publicarse en 1980 y reúne las características de los diccionarios de autoridades, ya que todas las traducciones y acepciones están documentadas con citas de autores literarios, de inscripciones y papiros que abarcan desde la época micénica y Homero hasta el siglo VI d.C.

La presentación, que tuvo lugar en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, congregó a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; a la secretaria de Estado de Educación, Eva Almunia; a la viceministra de Cultura y Turismo de la República Helénica, Ángela Gerekou, y al presidente del CSIC, Rafael Rodrigo Montero, entre otras autoridades.

La ocasión se prestaba para reclamar una mayor presencia de las lenguas clásicas en los planes de estudio, y así lo hicieron tanto Esperanza Aguirre, que deseó que el latín y el griego «recuperen el lugar que merecen», como Rodríguez Adrados, quien lamentó «el trato desfavorable» que estas lenguas han recibido en España.

«Algo habría que corregir, ahora que se habla de una remodelación de los planes de estudio», aseguró el académico, uno de los helenistas más importantes del mundo y «alma mater» del gran Diccionario griego-español.

La Reina levantó la sesión cuando terminaron las breves intervenciones de carácter político que hubo al principio y, tras abandonar las autoridades la sala, se reanudó el acto y tomaron la palabra los protagonistas del mismo: Rodríguez Adrados, la investigadora del volumen VII del DGE, Elvira Gangutia, y el actual investigador principal del proyecto del Diccionario, Juan Rodríguez Somolinos.

Esta obra se puso en marcha, entre otras razones, para suplir la falta de «un gran diccionario de griego antiguo, desde el micénico del segundo milenio antes de Cristo hasta el bizantino del siglo VI después de Cristo. Un diccionario que no existía, ni en cuanto al volumen ni en cuanto a los métodos lexicográficos», señaló Rodríguez Adrados.

Como subrayó el académico, el griego «resulta fundamental» para la creación del léxico culto y científico de todas las lenguas, e incluso para la lengua coloquial.

«En todas nuestras lenguas, los elementos de composición y derivación de las palabras son griegos en una proporción altísima, en torno al 90 %. Nuestras lenguas europeas son un semigriego o criptogriego. Sin esas palabras no podríamos ni abrir la boca», afirmó el helenista.

Los lingüistas del CSIC que participan en este proyecto se enfrentan a las cuestiones más diversas, relacionadas a veces con la alta filosofía de los neoplatónicos y los teólogos cristianos o los matemáticos, y otras con los papiros que recogen desde la carta de un hijo pidiéndole dinero a su padre, la lista de una lavandera o los problemas de algún griego de Egipto con Hacienda.

«Nuestra obra exige constancia, un poco de milagro y un mucho de tiempo», dijo el académico.

El volumen VII está dedicado a la letra épsilon, una de las más extensas del alfabeto griego.

Como indicó Elvira Gangutia, el volumen empieza con la palabra ekpelleúo y acaba con exauos. La primera «significa ‘cobrar impuestos’» y sus escasas citas proceden de papiros greco-egipcios tardíos, del siglo VI d. C. y más tarde.

La última, «es un término documentado sólo en unos versos atribuidos al gran poeta lesbio Alceo de los siglos VII/VI a. C., con el dudoso sentido, dado lo fragmentario del texto, de ‘muy seco’».

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