Noticias del español

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| Marco Tello
El Tiempo, Ecuador
Domingo, 4 de octubre del 2009

UNA LUCHA PERDIDA

Algunos presentadores de la televisión y no pocos protagonistas de la noticia necesitan una ley que penalice sus gazapos. El público confía a pie juntillas en la palabra dicha a través de los medios, y asume como adecuado lo que es incorrecto. Pero si el error es de bulto, queda mal el país en el orbe de habla hispana.


Hace algunas semanas, fue entrevistado en un canal de televisión —de Ecuador— un asambleísta que proviene de los medios. Sin el temor de que el mucho hablar les lesione la rodilla, el entrevistado y el entrevistador se sentían en la gloria y se daban el trato amable de sastre a sastre que esperaba jocosamente el sanguinario Carvajal del verdugo que le iba a cortar la cabeza, según relata don Ricardo Palma. Sin embargo, apenas el ex comunicador acababa de expresar que algún asunto no constaba en el orden del día, el entrevistador desenvainó la espada de la sabiduría: «Diga la orden del día, porque orden es femenino». Y prosiguió muy orondo. En cambio, sabe el lector que en la mentada expresión la palabra «orden» concuerda en masculino, como fija el diccionario de la Academia y el propio Diccionario panhispánico de dudas, cuando la frase significa lista ordenada de temas para una reunión.

Hace otro par de semanas, el autor de uno de los proyectos de la nueva ley de comunicación, que participaba en una discusión televisada, empezó a abordar el problema; pero no bien hubo comenzado se disculpó caballerosamente porque había oído que el verbo abordar se emplea para las naves y no para los problemas. Quien le dijo semejante cosa le mintió, porque si en principio el vocablo abordar, de origen germánico, se usaba efectivamente para las naves, hoy la madre Academia lo admite para los problemas. Así pues, está bien que los juristas y los jurisconsultos anden al día en sus códigos, pero estaría mejor si abrieran también el diccionario.

Finalmente, en la cruzada valerosa emprendida contra la mediocridad, la autoridad educativa increpó hace unos días a los dirigentes de la UNE por ignorar cómo se conjugan los gerundios. El amable lector sabe que el gerundio no es conjugable, razón por la cual se lo estudia en capítulo aparte, entre las formas no personales del verbo. Si no fuera por la esperanza que aún abrigamos en el Gobierno, consideraríamos perdida la lucha contra la mediocridad si empezamos por el gerundio.

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