Noticias del español

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| Yonny Galindo Marín
eltiempo.com.ve, Venezuela
Martes, 28 de abril del 2009

TRIBUNA DE LA DISIDENCIA: LA FIESTA DEL LENGUAJE

Celebramos el libro. Lo festejamos con nuestros estudiantes. Leímos sus cartas.


En ellas, nos enteramos de sus desafectos, frustraciones, culpas, miedos, gozos y prendimientos. También oímos sus cantos. Muchas historias afloraron, algunas crueles, otras amorosas. En fin, toda la carga que la vida les ha puesto encima, a tan temprana edad, aprendimos a sopesársela desde sus cantos raperos y reguetoneados, contando sus historias o escribiéndolas. No es el «perreo» lo que se les oye, o el mal trazo lo que se les lee, mentira; es el humanar de sus existencias lo que trasluce más veces en sus letras. Escriben con la suya, ora enrevesada, ora contraviniendo sintaxis y estilos, pero es la suya, a la que hay que leérsela hermenéuticamente, interpretándola y comprendiéndola para darle su aplicación en la construcción de sus auténticos saberes. Oyéndolos y leyéndolos, así celebramos la semana de la lengua en la E.T.C.R «Modesto Silva» de Cumaná. Nos fuimos, de descubrimiento en descubrimiento, de muchos de los seres que nos acompañan, día a día, en nuestras aulas de clase. Cambiamos las letras clásicas por las de las calles por donde se asienta la huella de los pasos que dan nuestros estudiantes. Se abisma uno con la capacidad creadora y expresiva de estos muchachos.

La lengua es un universo dinámico entre la estructura que la compone y el uso que de ella hacemos, pierde significación cuando la convertimos en un sistema inerte, estática e inmutable. Si con ella deconstruimos nuestra cultura y hasta podemos descomponer o recomponer nuestro sistema social, si no que lo digan los teóricos de la sociolingûística y del análisis del discurso, como es que nos negamos a oír lo que los jóvenes traen de la calle, y los obligamos a consumir lecturas, aburridas para ellos, de los textos de la literatura clásica. Cuando mandamos a hacer escrituras en el aula, queremos que nos escriban con las mismas estructuras superficiales y profundas de textos ya prescritos, por lo que jamás podrán acercarse a una comunicación acertiva con el docente, toda vez que ellos tienen otras estrategias discursivas con la que le dan significación al mundo en donde viven, que dista mucho de la discursividad académica y disciplinar del maestro.

Pudiera, la literatura, mantener buenas relaciones con la pedagogía, si el docente permite en el aula una práctica democrática del discurso, tanto escrito como oral, que personalice e individualice al texto-lector que tiene enfrente.

En ese sentido, la literatura no representa una asignatura más dentro de las áreas de aprendizaje de un currículo, sino que ella, transversada en las demás asignaturas, fundamenta e incentiva una práctica discursiva que puede servir de crítica y retroalimentación al propio proceso formativo y de toma de conciencia para liberar las prácticas comunicativas e informativas que se dan en su mundo.

De todo esto, concluímos, que el libro o la letra académica y clásica ya no debe seguir siendo el oscuro y temible auxiliar de nuestras enseñanzas de la lengua, sino la base sobre la que se construirá una relación educativa, democrática, plural y dialógica entre los sujetos y referentes que componen el mosaico comunicativo y social de cada uno de esos muchachos.

Leamos e interpretemos a esta generación del siglo XXI, no con el prisma que nos dio la universidad a nosotros y con el que nos enseñó a ver al mundo, sino con unos polifocales que nos pemita ver el plural de sus realidades. Ahí está la hermenéutica como técnica o estrategia que nos ayudará a conducir este diálogo de saberes en el aula !Conócelos maestro¡ para que no termine esta fiesta del lenguaje.

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