Noticias del español

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Enrique R. Soriano Valencia

correo-gto.com.mx (México)

Jueves, 25 de agosto del 2011

TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN


Chispitas de lenguaje



No es lo mismo traducir que interpretar. El trabajo de traducción obliga a una actividad más profunda que la simple traslación de vocablos. Los traductores electrónicos son una herramienta, no sistema de traducción. Su aportación se reduce a una de las múltiples alternativas que un texto podría reflejar.


«Traducir» viene de la voz latina traducere que era usada para trasladar un significado a otro. Actualmente, el diccionario oficial define a este verbo como: «Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra». Es decir, el propósito de una traducción es trasladar un mensaje original a un destino con verdadera equivalencia. 

Una aproximación no basta, pues cada mensaje está revestido de un contexto, de un ambiente social que tiene y mantiene una relación específica con las palabras que usa. La sociedad a cada una de estas les da una valoración y un sentido. Por ejemplo, la palabra «vale» (que procede de validez), los españoles les dan un sentido de aceptación, acuerdo; en tanto, en México se le asigna el sentido opuesto, de algo que no tiene importancia («Pues eso me vale»). Esto implica que una traducción de cualquier otro idioma al español debe tomar en cuenta la sociedad destino del mensaje, pues en cada país de destino a pesar de tener el mismo idioma. 

Para hacer una traducción, entonces, es necesario conocer bien las culturas de origen (para comprender el sentido) y la que se trasladará el mensaje, para que tenga verdadera equivalencia. Ello obliga a seleccionar no solo el vocablo específico, sino la construcción más cercana. Por ello, el traductor debe conocer adecuadamente las estructuras gramaticales de ambas lenguas. En español, por ejemplo, no se entiende igual enunciar «hombre pobre» que «pobre hombre». No resulta indistinto el orden de las palabras. La primera frase se refiere a un varón con escasez de recursos económicos; la segunda es una expresión lastimera. Los traductores electrónicos, por ejemplo, del español al inglés, trasladan ambas frases como poor man y, evidentemente, no es ese el sentido. 

La temporalidad también es un factor importante por tener en cuenta. Las sociedades cambian y con ello el uso y sentido de las palabras. Las palabras que en otros tiempos eran comunes, en otros ya no lo son: han variado en su escritura; o se usan en otro sentido. 

Del primer aspecto, hoy, por ejemplo, es casi desconocido que las palabras originales fueron murciégalo (para murciélago) y crocodilo (para cocodrilo). Ambas formas aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española, DRAE, pues este lexicón está obligado académicamente a incluir todas las palabras de nuestro idioma (estas voces, por eso, no aparecen en la mayoría de los otros diccionarios, pues estos últimos solo incorporan los vocablos comunes actuales). 

Respecto al cambio de sentido, tenemos la palabra «huésped». Anteriormente, esta voz era aplicada a quien recibía, no a quien llegaba. Prueba de ello es que en biología aún se usa para señalar al organismo que recibe a otro.

Por ello, Malitzin ha pasado a la historia como una intérprete, no como traductora de Cortés.

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