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| Ana I. Gracia
elconfidencial.com, España
Miércoles, 24 de marzo del 2010

«TARDAMOS DOS DÉCIMAS DE SEGUNDO EN VERBALIZAR LO QUE PENSAMOS»

Albert Costa, investigador de la Pompeu Fabra


¿Sabe cuántas palabras guarda en su cerebro? ¿Ha cronometrado el tiempo que pasa desde que piensa en decir algo hasta que lo verbaliza? ¿Y las palabras que puede decir en un segundo? Albert Costa es un profesor de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los investigadores que se metió hasta lo más hondo del cerebro humano para intentar explicar lo hasta entonces inexplicable: estudiar la producción del habla y ver cómo se produce el lenguaje oral. «Entonces nos dimos cuenta de que tardamos exactamente 200 milisegundos en reproducir las ideas en palabras», explica Costa a El Confidencial.

Los investigadores querían descifrar cómo es el camino que trascurre desde que se piensa en un concepto (o idea) hasta que se traduce en una palabra. Costa, que participó en la investigación junto con otros colegas de la Universidad de Barcelona y de la Universidad de Bangor (Gales), calcula que cada persona guarda en su diccionario mental una media de 50.000 palabras; tiene una capacidad para pronunciar hasta tres en un segundo y apenas comete errores («sólo uno de cada mil palabras producidas»), dice Costa.

En el proceso del habla hay demasiados esquemas enlazados. Primero: la gente tiene que visualizar mentalmente la palabra que quiere mencionar. Luego, saber qué concepto se corresponde con la imagen, para después empezar a buscar la palabra, buscar los sonidos y, finalmente, articular el término. Por medio del registro de la actividad eléctrica cerebral, este grupo de científicos se ha centrado en el primer momento, «cuando las personas acceden al léxico». Es el tiempo que transcurre desde que una persona visualiza mentalmente un dibujo (por ejemplo, un árbol) hasta que abre la boca para decir que eso es un árbol. Han pasado 700 milisegundos, pero sólo necesita 200 para que el cerebro busque y encuentre la palabra asociada a ese objeto, «para que empiece a haber información léxica». Y aunque parezca mentira, en esos 700 milisegundos, siete décimas de segundo, se conectan muchos procesos cerebrales.

Pese a los adelantos, son todavía muchas las dudas que se ciernen sobre los procesos cerebrales del lenguaje. Conocedor de primera mano de estos nubarrones que intentan impedir que se entienda cómo funciona el cerebro, Costa ha dedicado gran parte de su tiempo a descubrir cuáles son los mecanismos con los que el cerebro es capaz de distinguir entre dos idiomas. «No todo son ventajas para los bilingües». Sí es cierto que cuanto antes empiece un niño en aprender un segundo idioma, «mucho mejor». Pero cuidado con los malos hábitos. Si el profesor del niño no es nativo y no tiene un acento inglés natural, «el chaval está aprendiendo con malas costumbres y puede ser contraproducente para su aprendizaje».

Los bilingües, más lentos a la hora de reaccionar

Costa y su equipo han analizado cuáles son los efectos que producen en el sistema cognitivo. Los bilingües son más lentos a la hora de reaccionar, tienen menos vocabulario y se quedan con más palabras en la punta de la lengua que una persona que domina un único idioma. «Es cierto que ser bilingüe tiene un coste lingüístico». En el tiempo que una persona le dedica a practicar una lengua deja de lado a la otra, y viceversa. Son los llamados costes asociados al bilingüismo, que pueden traducirse en unos milisegundos de más lentitud para responder o que «en lugar de 60.000 palabras domines 35.000».

Comprobado está que, aunque parezca que estén más confundidos que los monolingües, el ejercicio mental de separar las dos lenguas es un entrenamiento diario que el monolingüe no tiene. Un estudio canadiense analizó también a los abuelos bilingües y descubrió que desarrollan los primeros síntomas del Alzheimer más tarde que los monolingües. Así que las ventajas superan a los costes. Para bilingüistas y monolingüistas, Costa avisa de que el diccionario léxico puede seguir engordando durante toda la vida. «Nunca es tarde para aprender nuevas palabras de un idioma que ya dominamos».

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