Noticias del español

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| Alí Medina Machado
diarioeltiempo.com.ve, Venezuela
Martes, 15 de septiembre del 2009

¿SOY TRUJILLANO O TRUJILLENSE?

Soy trujillano, y a mucha honra, porque éste es nuestro gentilicio que nos da sentido de pertenencia. No importa que sea con -ano. Pero, si usted me llama trujillense, pues también se lo acepto porque es válido, ya que el sufijo -ense también existe e, igualmente, significa gentilicio.


Entre ambos, ninguno desmerita al otro. No obstante, entre ambos hay algunos peros de por medio. Y es, a mi modo de ver, en lo que debemos detenernos, como en mi caso yo, que prefiero el gentilicio de trujillano, así éste no tenga el abolengo, ni la cuna de oro de que ha gozado a lo largo de la historia ese otro sufijo -ense, escuálido y aristocrático desde el sermo literae para acá.

El diccionario de la RAE, tal vez contenga trujillense y no trujillano, que es lo que supuestamente alegan los nuevos lingüistas puristas locales. Lo que pasa amigos, es que el diccionario fue hecho en Madrid, bien lejos de nosotros. Y recoge sustancialmente en sus páginas el español de España. Por lo que le digo que si usted camina por una calle de Madrid o de otra región peninsular, y alguien le pregunta que de dónde es, y usted le responde yo soy trujillano de Venezuela. A lo mejor el español lo corrige: trujillense, querrá usted decir. Pero si por el contrario usted camina por una avenida de Caracas o de San Cristóbal, y alguien le pregunta que de dónde es, y usted le responde que es trujillense. A lo mejor lo corregirán también y le digan, ah, usted es trujillano. Porque son dos realidades lingüísticas diferentes. Y siempre me he preguntado, ¿por qué nos piden que hablemos como los españoles de España?, para responder con otra pregunta también, ¿Y por qué los españoles de España no tratan de hablar como nosotros?

Ángel Rosenblat encabeza su pequeño libro El castellano de España y el castellano de América así: «Ha dicho Bernard Shaw que Inglaterra y los Estados Unidos están separados por la lengua común. Yo no sé si puede afirmarse lo mismo de España e Hispanoamérica. Pero de todos modos si es evidente que el uso de la lengua común no está exento de conflictos, equívocos y hasta incomprensión, no sólo entre España e Hispanoamérica, sino entre los mismos países hispanoamericanos». Y dice más adelante el maestro: «Si la visión del turista es inocente, pintoresca y hasta divertida, la del purista es más bien terrorífica (.) El purista vive constantemente agazapado, con vocación de cazador, sigue el habla del prójimo con espíritu regañón y sale de pronto armado de una enorme palmeta, o pero aún, de cierto espíritu burlón con presunciones de humorismo» . Y esto es lo que ocurre con los nuevos lingüistas locales que nos quieren llamar trujillenses porque no les gusta el sufijo -ano. Miren estos lingüistas lo que dice Rosenblat: «Yo he revisado muchos textos de barbarismos y solecismos. En la mitad de los casos son ellos los disparatados, porque tienen de la lengua general un conocimiento limitado y provinciano, e identifican lengua y diccionario».

Sepan señores, que la lengua es una cosa y el diccionario es otra. Una parte de la lengua está en el diccionario oficializada. Pero, otra parte muy importante y válida también, está fuera del diccionario, en el uso. ¿Ustedes saben por qué la palabra trujillano no está en el diccionario? Porque cuesta Dios y su santa ayuda, el que una palabra de estos andurriales tan lejanos de Madrid logre ingresar en la Academia. Pero la palabra trujillano es tan válida, y más válida les digo, que la palabra trujillense. Porque ésta última se concreta a denotar el gentilicio, mientras que aquella primera, además de contener el gentilicio, denota también la idea de pertenencia. O mejor aún: el sufijo -ano, así, tan feito como es, significa gentilicio y pertenencia al mismo tiempo, en tanto el sufijo -ense, clásico y hermoso como es, significa gentilicio, pero excluye el sentido de pertenencia. ¿Y entonces?…

Los sufijos pertenecen al campo gramatical de la Morfología. Son retoños que usa la señora Gramática, o mejor la señora Lengua para formar palabras. Sirven para formar palabras derivadas. Hoy son morfemas, técnicamente hablando. Y son muchos. Y se agrupan, unos, los que provienen del griego, otros los del latín y otros los del castellano. El pobre -ano es castellano, es del pueblo, tiene sabor y sentido popular. Y lo más importante: está con el Proceso. -Ense, ya es castellano, pero lo vemos más bien como del latín, muy clásico y exclusivo. Es aristocrático, como de sangre azul. Actualizándolo podemos decir que es escuálido, por lo que no está con el Proceso.

Comparativamente es lo mismo que pudiera pasar con el uso verbal compuesto del antepretérito, que tiene dos formas: trabajara y trabajase, que en el fondo es la misma cosa, y cuestión de preferencia su uso: trabajara es popular; trabajase es como más culto. Porque así es el idioma. Es tan clásico el sufijo -ense, que ya lo hallamos en las glosas emilianensis – emilianensi – emilianenses, que datan del siglo IX o X. «Son una simple traducción del texto latino al lenguaje vulgar, y ricas en arcaísmos».

Finalmente, les quiero preguntar a los puristas trujillanos. ¿Y qué vamos a hacer con el nombre de República Bolivariana de Venezuela? ¿Tendremos que cambiarla por Bolivarense? ¿Y qué va a ocurrir con la novísima LOE, donde se habla del nuevo republicano? ¿Cambiarán el adjetivo por republiquense, con aumento y todo, o por republicense, más clásico todavía?… ¿Y el Caraqueño inmortal Simón Bolívar, pasará a ser caraquense (con aumento) o caracense inmortal? ¿Y con los apureños? En este caso, con la tendencia criolla a la esdrujulización, su nuevo gentilicio será ¡Apúrense! Y los pobres apureños tendrán que correr.

Por eso y, por muchas cosas más, les pido que me permitan seguir siendo trujillano. Así como tengo el orgullo de ser venezolano.

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