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| Agencia EFE

«¿Son corteses los españoles al hablar?»

La mayoría de la culturas europeas, y gran parte de las latinoamericanas, considera que los españoles son descorteses al hablar, pero esa impresión se debe a que su código cultural no coincide con el español, en el que la cortesía se suele emplear «estratégicamente» para lograr otros fines.

Así lo ha manifestado el catedrático de Lengua Española de la Universidad de Valencia Antonio Briz en la inauguración del tercer Máster de Enseñanza de Español como Lengua Extranjera de la Fundación Comillas y la Universidad de Cantabria, donde ha impartido la conferencia «¿Son corteses los españoles al hablar?».

Antonio Briz, que ha publicado varios estudios sobre esta materia, ha explicado que en estas estrategias de conversación se suele emplear la llamada cortesía valorizante y agradadora, para ensalzar o halagar a otra persona; o la atenuante o mitigadora, para evitar tensiones, «prevenir o curarse en salud».

El catedrático ha señalado que en España, excepto en las Islas Canarias y Galicia, es más común emplear la cortesía valorizante, ya que existe una cultura de «acercamiento» en la que se «estrechan los espacios interpersonales» y se busca conseguir de manera «inmediata» un alto grado de confianza con los demás.

«Dos españoles que no se conocen de nada y se encuentran en una área de servicio de una autopista francesa, acaban siendo colegas españoles», ha apostillado.

En este sentido, ha matizado que en otras culturas, como la anglosajona, la nórdica o la germánica, se puede interpretar que los españoles son descorteses porque emplean imperativos, muchos gestos, un lenguaje agresivo y un tono alto al hablar.

El experto en Lengua Española ha apuntado que para estas culturas de «distanciamiento», la falta de espacio entre los interlocutores o el no dejar terminar las frases, para reafirmarlas, se puede considerar una falta de cortesía.

En su opinión, la supuesta descortesía española se ha vinculado «erróneamente» también, sobre todo entre los países americanos donde se habla español, a la menor frecuencia del uso de atenuantes en las conversaciones coloquiales.

Briz ha indicado que la falta de atenuantes o la velocidad y el tono de voz en las conversaciones coloquiales diferencian a los españoles del resto de los hispanohablantes, aunque hay otros aspectos comunes con estas culturas, como la utilización de elementos valorizantes, o el paralingüismo (gestos).

En su intervención se ha referido también a la denominada «descortesía fingida» o «anticortesía» que, a su juicio, es una seña de identificación grupal, «sobre todo entre los jóvenes».

«Una situación de mayor solidaridad o inmediatez comunicativa, como es la conversación coloquial, permite a veces ciertos modos de interacción lingüística y social que para otras culturas y otros hablantes ajenos al grupo serían descorteses», ha añadido.

Antonio Briz ha concluido su intervención asegurando que los españoles «no son descorteses, sólo que el código cultural y social de la cortesía no coincide con el de otras culturas y sus realizaciones verbales y no verbales».

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