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Milenio (México)
Lunes, 19 de noviembre del 2007

SE BRINDARÁ HOMENAJE AL LINGÜISTA ERNESTO DE LA PEÑA

Se le reconocerá al estudioso con motivo de su 80 aniversario. «Tengo debilidad por las esdrújulas, me gustan mucho, aunque nuestra lengua es grave, pero el español es mi debilidad fundamental».


La lengua española es «mi debilidad fundamental, la amo con toda el alma», afirmó hoy aquí el lingüista mexicano Ernesto de la Peña, quien recibirá un homenaje en el Palacio de Bellas Artes (México) el 21 de noviembre próximo, en ocasión de su 80 aniversario.

En una charla con los medios de comunicación, el estudioso expuso que tiene debilidad por las esdrújulas, «me gustan mucho, aunque nuestra lengua es grave, pero el español es mi debilidad fundamental, amo con todo el alma a mi lengua y cada vez trato de conocerla mejor, porque es una lengua muy expresiva y muy rica».

Nacido el 21 de noviembre de 1927, De la Peña lamentó, sin embargo, que el español «se haya reducido en la actualidad a unas cuantas palabras, eso es muy triste, porque es de una gran riqueza, aunque no es verdad que sea más rico que el inglés, el inglés es la lengua más rica del mundo».

Esto se debe, explicó, «a que no tiene ninguna cortapisa en usar palabras nuevas y de donde vengan, nosotros para aceptar una palabra tiene que pasar (mucho tiempo), ya un poco menos, pues se ha ido modernizando la Academia».

«Pero el inglés tiene como el triple de palabras en uso, cerca de tres cuartos de millón de palabras», mientras que el español tiene cerca de 260.000.

De la Peña cursó la carrera de Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudió a los filósofos presocráticos, filosofía de la ciencia, lengua árabe, sánscrito y lingüística indoeuropea.

En esa Facultad sustentó los exámenes de traducción del griego y el latín para formar parte del cuerpo de traductores de lenguas clásicas de la UNAM, y fue aprobado con calificaciones de excelencia.

«Tuve la fortuna de criarme en un ambiente de cultura, mi padre Juan de la Peña Miranda se iba a casar por segunda vez y nos fuimos mis tres hermanos y yo (tres hombres y una mujer) con un medio hermano de mi madre, el doctor Francisco Canale, ahí nos criamos». Añadió que su tío era dueño de una gran biblioteca humanística, «cuando tenía seis años me enseñó el alfabeto griego».

Posteriormente, dijo, «me metí a estudiar Letras Clásicas y nunca me he arrepentido de ello, me dediqué a las letras, al estudio de las cosas que siempre me gustaron; mucha gente puede creer que es una vida muy aburrida, yo creo que es la más divertida del mundo».

Este gusto se debe a «la sencilla razón de que está uno metiendo la nariz donde no lo llaman y enterándose de cosas que realmente tienen mucha importancia en la historia de la humanidad».

Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, De la Peña cursó en El Colegio de México sánscrito y chino, mientras que en la escuela Monte Sinaí tomó cursos de lengua hebrea y de manera independiente ha estudiado lenguas occidentales y orientales, y conoce actualmente unos 30 idiomas.

Este estudio, añadió, «me ha permitido tener acceso en su lengua original a las grandes literaturas, para eso las he estudiado, es un placer muy grande, tal vez egoísta, leer a Homero en griego y a Virgilio en latín, a Goethe en alemán, a Dante en italiano, tener acceso directo a estos textos es maravilloso».

Sin embargo, para el lingüista ningún escrito está acabado, pues «en todos los textos mientras más lecturas se hacen más se va descubriendo. Los grandes de la literatura tienen cosas que a la primera lectura no se descubren, y a veces ni a la décima».

Entre cuadros de sus compositores favoritos, como Beethoven, Mozart y Wagner, libros de gramática española y de la historia de la literatura, De la Peña aseguró que es muy amigo de la Biblia, (que) tiene un interés literario, filológico, histórico, novelístico. Para mi fortuna la puedo leer en sus lenguas originales (hebreo, arameo y griego)».

Sin embargo, reveló que regresa recurrentemente a Dante, Homero, Proust, Cervantes, Tolstoi («más que ha Dostoiswky») y a Shakespeare, este último un autor que quisiera conocer mejor, «porque, aunque lo he leído mucho, tiene muchos misterios, es particularmente profundo y complejo, estoy insistiendo, he estado releyéndolo».

A pesar de convertir a los libros en su principal destino en la vida, el autor afirmó que tampoco se ha metido toda la vida en los libros, «he vivido y he dado toda la guerra que he podido, los libros no son para mí una tarea penosa, todo lo contrario, y como y yo tengo el piquete de la lengua, tengo ciertas deformaciones profesionales».

En ocasiones, dijo, «tomaba una gramática de la lengua que estuviera estudiando y la leía como si fuera una novela de misterio», lo que le ha llevado a sentirse pleno en su vida y, a sus 80 años, aseguró que desea vivir otros 30, aunque «seguramente no los viviré».

«La juventud se va, todo lo que uno quiso y pudo cuando es joven se va acabando y es triste, y en la medida que uno va viendo que ciertas cosas que podía hacer con facilidad cuando se tenían 20 o 25 años y ya no las puede hacer, da tristeza».

«En ese sentido llega la madurez, yo he tenido muchas crisis por edad y me han venido cada decenio», concluyó.

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