Noticias del español

| |

| Juan J. Aranda
melillahoy.es, España
Jueves, 18 de enero del 2007

RECUERDOS Y PALABRAS

En estos días los paseos por esta Málaga, de uno que ya ha contado más de sesenta tacos de almanaque, como el que les escribe, viendo gente bulliciosa y alegre por las calles y avenidas, llenas de millares de bombillas: luces propias de estas fiestas; donde cada uno va a su aire con bolsas repletas de regalos y de viandas para cenas pantagruélicas, me traen cálidos recuerdos de nuestra ciudad, de cuando mi madre me llevaba a la calle Margallo a comprarme los juguetes que en aquellos años, la economía familiar, pocos dispendios podían hacerse.


Estos recuerdos son para mí como una flor viva y perenne que no necesita agua, solamente pensar en ellos. Son los recuerdos de mi patria chica, donde la piel de toro, y a pesar de todos los pesares, y de que algunos intentan introducir otra cultura con un suave calzador, siempre estará presente en todos los rincones de sus calles.

Decía el gran chileno Pablo Neruda, que las erratas son las caries de los renglones, y éstas duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la imprenta cuando se publican. Yo pienso que el idioma español, nuestro castellano, es un río de sílabas, una corriente imparable que baja de los montes de Góngora hasta la pradera (lenguaje popular) de la gente de los pueblos y ciudades.

Hoy en día en algunos pueblos de Málaga aún se puede escuchar una frase como: «No me se inrite osté, madre, que anigual me alargo a la tahona en una zancá por una albardilla pal café». Traducido al castellano normal, quiere decir que el hijo le dice a la madre, que no se enfade, que igual se llega a la panadería, que está a un paso y trae un bollo para desayunar. Esta frase, puede que esté en desuso, pero forma parte de nuestra cultura ancestral. En nuestra ciudad muchos de nuestros abuelos usaban palabras como esas, y aunque mucha gente opine erróneamente, y diga que es una incultura, yo les digo que es una parte de la riqueza de nuestro lenguaje. Uno de mis abuelos, natural del pueblo de Vélez Málaga, cuando se dirigía a su nieta Mari Sol, solía llamarla: «María´zó, venacapacá».

El significado de la palabra «Chiribí». Cuando a una persona se le salen las chiribitas por los ojos, es un ejemplo de cómo los andaluces dan a las palabras el aire que desean. Dicen que en Jerez de la Frontera había un inglés que era representante de los caldos de la zona, y en cada bodega, taberna o bar que llegaba para hacer su negocio solía pedir un «xerry bit». Cuando se había recorrido varios establecimientos, y después de tantos «poquitos» de mostagán, al hombre se le ponía la faz rubicunda, la nariz afresada y los ojos chispeantes, lo que hacía comentar a los guasones camareros: «Ea, ya va el mister echando sus 'chiribites' por los ojos».

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: