Noticias del español

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| M. Prieto Peromingo
La Opinión de Zamora, España
Martes, 3 de junio de 2008

RECUERDOS DE OTRA LENGUA

Ayer recordé. Fue en 1771, pienso, cuando se publica la primera Gramática de la Lengua Española. Más tarde, en 1883, se publica otra con la división de Analogía, Sintaxis, Prosodia y Ortografía para «conocer, ordenar, pronunciar y escribir correctamente».


En el pasado siglo XX se intentó ofrecer una nueva edición para que sirviera de estudio descriptivo que fue un intento de abarcar la totalidad de una lengua tan escurridiza como la que usamos; esta Gramática fue más para expertos, metiéndose en los terrenos de la Lingüística y dando un idea muy compleja de nuestro castellano.

Por mucho que intentemos encerrar la lengua en unos parámetros siempre se saldrá de esos límites porque es un organismo vivo incapaz de estar fijo e incapaz de sentirse el galimatías que en un tocho imposible quieren que traguemos.

Estamos ya en junio y los estudiantes se disponen ya para los exámenes. La gramática llamada moderna, perdida en los intentos de las ciencias empíricas de domesticar la naturaleza humana bajo las formas de unas «ciencias nobles», es una gramática que, cual nebulosa, se desparrama como masa informe, amorfa e incomprensible queriendo abarcarlo todo pero fracasando cuando se la mete en el terreno práctico. Por mucho que lingüistas y gramáticos de todo pelo luchen por dominarla, no se deja.

La lengua cambia y se modula continuamente y busca las salidas más fáciles. La llamada Ley del Mínimo Esfuerzo domina la situación desde siempre. Para conocer mejor la lengua que hablamos, en la que nos comunicamos los sentimientos y avatares íntimos y en la que soñamos, no hacen falta términos tan complejos como los que se intenta enseñar en la ESO. «Prosopografía», «elipsis», «hiperónimo», «semantemas», «fonema», «iterativo», «incoativo», «deíctico», «campo léxico y semántico», «narrador omnisciente», «etopeya», «complemento de régimen» y muchas más son palabras y conceptos que no ayudan demasiado, ya que, al final, acabamos por descubrir que los alumnos apenas saben leer bien, comprender algo y escribir correctamente.

Si miramos en estos días en la tele los programas en los que intervienen concursantes, salidos de la Logse, veremos las dificultades que tienen para dar oralmente un pensamiento sencillo. Hay que imaginar lo que les costará pensar en algo más sutil o más serio. La enseñanza del castellano sigue un camino equivocado porque lo marca el gremio de filólogos y lingüistas que quiere apropiarse de algo que es de todos y de encerrar algo que es libre y que está en continuo movimiento. Recuerdo que antes la Gramática era más sencilla y con ella nos entendíamos todos mejor e incluso hacíamos poesía, escribíamos novelas y aprendíamos teatro. Y lo pasábamos francamente bien.

No necesitábamos tanta fanfarria léxica ni tanta petulancia. ¡Qué ganas de complicar todo lo que tocamos! Hoy la vida se la hemos complicado muchísimo a los jóvenes y niños. No sabemos a quién achacar la culpa, pero lo cierto es que lo tienen mucho más difícil de lo que lo tuvimos nosotros, tal vez porque nos enseñaron a exigirnos más a nosotros mismos y a reclamar a los demás un poco menos. Procurábamos esforzarnos y todos los alumnos nos tomábamos los exámenes mucho más en serio. Entonces, los «técnicos» nos complicaban menos las cosas, los lingüistas se quedaban investigando en la facultad y los maestros eran maestros y no «especialistas».

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