Noticias del español

| | | | | | | | |

| Soledad Moliner
El Tiempo.com (Bogoté, Colombia)
Lunes, 19 de marzo del 2007

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: ‘LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR’ A NUESTRA LENGUA DESDE 1713

La experta Soledad Moliner comenta la labor de esta respetada institución.


Bajo el lema de «limpia, fija y da esplendor», que envidiaría cualquier producto moderno de limpieza, funciona la Real Academia Española desde 1713. Aunque su nombre no menciona la disciplina a la que se dedica, muchos se lo agregan: de la Lengua. Nació con el claro propósito de sacudir el polvo al idioma y construir un diccionario completo del español, que hace mucho concluyó, y desde entonces sigue al pie de la letra todos los movimientos de nuestro idioma. Reinaba Felipe V (1700-1746), el primero de la dinastía Borbón en España. Había llegado al trono, pues, un nieto del monarca de Francia, en una época en que todo lo moderno procedía de París.

Algunas de las obras de Felipe V demostraron que, en efecto, tenía una mentalidad avanzada. En su tiempo, por ejemplo, se fundaron también la Biblioteca Nacional (1712), la Academia de Historia (1738) y la de Bellas Artes (1744). Los 2 reyes que siguieron, Fernando VI y Carlos III, continuaron la modernización.

Si bien Felipe V expidió la Real Cédula de Fundación de la Academia el 3 de octubre de 1714, el impulsor de la iniciativa fue Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona. Fue, además, su primer director, cargo que entonces se ejercía a perpetuidad.

Lo fueron también los primeros 12 académicos que ostentaron esa posición, hasta 1862. No se trataba de una idea pionera en el mundo, puesto que ya existían la italiana 'Della Crusca' —fundada en 1582 en Florencia— y la francesa, nacida en 1635 en el París del cardenal Richelieu. En España había otras 'academias', que eran tertulias centradas en un escritor o aristócrata famoso.

La particularidad de la Real Academia Española radicaba en su interés de salvaguardar la lengua popular, además de la literaria. Lo dice así el estatuto único de su constitución: Siendo el fin principal de la fundación de esta Academia cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que en sus vocablos, en sus modos de hablar, o en su construcción han introducido la ignorancia, la vana afectación, el descuido, y la demasiada libertad de innovar: será su empleo distinguir los vocablos, frases, o construcciones extranjeras de las propias, las anticuadas de las usadas, las bajas y rústicas de las Cortesanas y levantadas, las burlescas de las serias, y finalmente las propias de las figuradas. En cuya consecuencia tiene por conveniente dar principio desde luego por la formación de un Diccionario de la lengua, el mas copioso que pudiere hacerse: en el qual se anotarán aquellas voces y frases que están recibidas debidamente por el uso cortesano, y las que están anticuadas, como tambien las que fueren baxas, o bárbaras, observando en todo las reglas y preceptos que están puestos en la planta acordadapor la Academia, impresa en el año de mil setecientos y trece.

Aquel «Diccionario de la lengua, el mas copioso que pudiere hacerse» recibió el nombre de Diccionario de autoridades y consta de seis volúmenes, elaborados entre 1726 y 1739. Los vocablos recogidos incluían citas de textos escritos por autoridades en el idioma, sobre todo por autores del siglo XVI y de la primera mitad del XVII. En la segunda edición, de 1783, se omitieron las citas porque hacía muy voluminoso al diccionario. De él nació, con el transcurso de los años, el Diccionario de la lengua española DRAE, que es hoy la máxima referencia de nuestro idioma. Apareció por primera vez en 1780 y la edición más reciente es la vigésima segunda, del 2001. Vale la pena destacar la de 1803, donde empezaron a aparecer en apartados independientes las letras che y elle.

En 1927 la Academia publicó el Diccionario manual eiIlustrado de la lengua española, de la que han salido varias ediciones. La Gramática, por su parte, data de 1771. En 1973 se publicó el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Los académicos saben que es necesario sacar a la luz un texto actualizado y en ello trabajan desde hace varios años. En Medellín se da un paso importante este mes, puesto que en la reunión que allí tiene lugar se aprueba el texto de una gramática que recoja el español total: el de la península española y el de América Latina.

Ha habido otras iniciativas editoriales —tales como el Diccionario histórico de la lengua española y el Diccionario panhispánico de dudas—, que buscan brillar, pulir y dar esplendor a nuestra lengua. Si se trataba de una tarea importante en 1713, cobra dimensiones titánicas ahora, cuando cerca de 500 millones de personas hablamos español en el mundo.

La Academia más antigua de América

Doce fueron los apóstoles. Y, como eran 12 los apóstoles, 12 fueron las chozas de la aldea de Santafé de Bogotá que fundó Jiménez de Quesada en 1536. Y como eran 12 las chozas, fueron 12 los primeros miembros de la Academia Colombiana de la Lengua.

La reunión fundacional tuvo lugar el 10 de mayo de 1871 en casa del escritor costumbrista e historiador José María Vergara y Vergara, quien había conseguido, 6 meses antes, que la Academia Española autorizara la creación de «sucursales» en los países latinoamericanos.

La colombiana fue la primera Academia en el nuevo continente y es, por consiguiente, la más antigua después de la española. Tras la colombiana siguieron la ecuatoriana (1874), la mexicana (1875), la salvadoreña (1876) y la venezolana (1883).

Correspondió a Vergara la primera presidencia, con dos famosos lingüistas como secretario y censor: José Manuel Marroquín y Miguel Antonio Caro, respectivamente. Ambos llegarían a ser presidentes.

Pero no han sido los únicos académicos en alcanzar la jefatura del Estado; la lista completa incluye quince nombres. Ocuparon asiento al lado de Vergara, Caro y Marroquín, Pedro Fernández Madrid, José Caicedo Rojas, Felipe Zapata, José Joaquín Ortiz, Rufino José Cuervo, Santiago Pérez, Joaquín Pardo Vergara (sacerdote), Manuel María Mallarino y Venancio González Manrique.

Los primeros pasos de la Academia Colombiana fueron un tanto balbuceantes y de entrecasa. Vergara murió a los 10 meses de asumir la presidencia, y hay que esperar hasta 1875 para que se realice la primera sesión solemne. En ella leyó Caro su relación sobre la fundación del instituto. Un año después, las sesiones se suspenden ante el estallido de una guerra civil. Después de sortear pequeñas crisis —como el retiro y regreso de Rufino José Cuervo y las quejas por el exceso de conservadores en su seno—, la Academia se consolidó en el siglo XX, con edificio propio y prestigio creciente. Hoy son 29 académicos de número —uno por cada letra del alfabeto— y 50 correspondientes. Su director es el escritor y catedrático Jaime Posada Díaz.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: