Noticias del español

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| Rosa Regàs
El Comercio Digital, Asturias (España)
Lunes, 3 diciembre del 2007

QUÉ MAL HABLAMOS

Leo en la prensa que profesores de la universidad pública exigen que se potencie la oratoria durante la carrera. Una petición necesaria y urgente si no queremos convertirnos en un país donde desde los políticos hasta el último ciudadano nos expresemos con un número cada vez menor de palabras y con una sintaxis que clama venganza al cielo.


Esos 'bueno yo creo', 'yo diría' o tantas frases sin estructura gramatical que nunca utilizan los latinoamericanos sean pobres o ricos, ignorantes o aspirantes al Nobel, son la base de nuestro discurso. ¿Por qué empleamos tan pocas palabras? ¿Por qué entre esas pocas están las del llamado vocabulario popular que no son sino tacos-comodín y frases hechas que se ponen de moda nadie sabe por qué?

Habría que ver si esa pobreza de lenguaje que nos caracteriza tiene relación, no ya con la falta de 'Oratoria' en la universidad, sino con tantos años de escuela sin exámenes orales donde se puntúa la correcta expresión, sustituidos por la norteamericana colocación de crucecitas en cuadraditos. O con la supresión de lectura en voz alta en el aula. No lo sé, pero es penoso oír hablar a los adolescentes en TV, igual que a los adultos y a los ancianos.

Y de paso podríamos pedir que dejaran de doblarse entrevistas y films y así poder oír la voz de actores y actrices, una forma de expresión de la que aprenderíamos más que de las artificiales voces que marcan, incluso con el mejor oficio, la distorsión entre el ritmo del lenguaje y la expresión del rostro o del gesto.Y asimilaríamos idiomas como han logrado los ciudadanos de todos los países de América Latina que también en esto nos dan diez mil vueltas.

Y tal vez -ojalá- evitaríamos expresiones mal traducidas del inglés, habituales hoy en nuestro lenguaje cotidiano e incluso en la traducción literaria. '¿Estás bien?', del inglés are you OK?, en lugar de '¿cómo estás?' o '¿te has hecho daño?'. 'En la distancia'(in the distance), en lugar de 'a lo lejos'. 'Dame algo de dinero' (give me some money), en lugar de 'dame un poco de dinero'. 'Mascota' como traducción de pet, 'animal de compañía'. 'Quiero que levantes la mano', en lugar de 'levanta la mano'.

O los imperdonables errores jurídicos que chirrían más aún, como evidence que traducimos por 'evidencia' cuando es 'prueba'; conspiracy por 'conspiración' y es 'confabulación'; ofense por 'ofensa' y es 'infracción' o crime por 'crimen' siendo 'delito' y así sucesivamente.

Son sólo unos pocos ejemplos de los miles que nos hacen hablar cada día peor.

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