Noticias del español

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| Andrés Chaves
El Día.es, Tenerife (España)
Miércoles, 9 de julio del 2008

¡QUÉ CHACHI!

1.- Existen palabras que son inevitablemente nuestras. Juan Manuel García Ramos (a quien yo cito siempre y él a mí nunca) me dijo el otro día que hago muy bien en utilizar la voz «pollaboba» en vez de «jilipollas», que es un godismo.


La generación de los 50 extendió una expresión «¡qué chachi!», mucho menos sonora que el «qué cojonudo», al uso. Un catalanismo es el «tú mismo» -que detesto- por «haz lo que quieras». Lo cierto que el lenguaje es también moda. «Me mola», decían hace diez años los chiquillos, por «me gusta». Existen canarismos endémicos que sin embargo no han perdido fuerza. El «mándate a mudar» es todo un tratado de filosofía. El que pronuncia la frase le transmite imperativamente al otro que él mismo decida marcharse, pero no como una súplica, sino como una orden. Bendito español de Canarias, tan lleno de sutilezas y de giros, suaves como el terciopelo; nos conquistaron, pero no pudieron arrebatarnos la cadencia del lenguaje, envuelta sin duda por el mar y por la brisa.

2.- «Mijo» es una expresión entrañable, por «mi hijo», término cariñoso con el que se dirige uno a una persona menor que el sujeto que habla. El «mi niño» destila todo un dechado de cariño hacia otro ser humano, voces llenas de ternura que definen el carácter afectivo de un pueblo. Es común en toda Canarias. El lenguaje sufre cada día modificaciones. Detesto el tuteo de las empleadas de los supermercados y la expresión «doña» o el masculino «don» para dirigirse a otra persona: «¿Qué quiere, don?». El único Dom que yo conocí, además de Dom Quijote y de Dom Miguel Borges Salas, fue el fallecido Dom Mintoff, primer ministro de Malta, nombre que el otro día me recordaba Ricardo Melchior.

3.- Por cierto que Richi ha enviado una carta a Álvaro Uribe, presidente de Colombia, para que le deje restaurar la Casa del Perdón, en Tenerife, pero en el Tenerife colombiano, situado a orillas del río Magdalena, citado por García Márquez en su obra El general en su laberinto. Era un lugar en el que podían refugiarse los criminales, ya que la guardia que los perseguía se detenía en la puerta cuando el delincuente lograba alcanzar los muros de aquella vivienda. Como una posibilidad de escape. Qué bonita iniciativa para que la unión de los dos Tenerife se perpetúe en el tiempo y en la distancia. Quién sabe si también podremos exportar allí nuestras palabras, aunque Colombia sea rica en expresiones hermosas. ¡Qué chachi!

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