Noticias del español

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| Efraín Osorio
lapatria.com, Colombia
Miércoles, 21 de mayo del 2008

PLEONASMO, PADRENUESTRO, SESEO, INSUMO

El señor Rodrigo Salazar anota que los españoles abusan de esta figura (el pleonasmo) en expresiones fastidiosas, como ‘subir arriba’ y ‘bajar abajo’.


El pleonasmo, don Rodrigo, es, según el Diccionario, 'Figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos, innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho; p.ej., lo vi con mis propios ojos. // 2. Demasía o redundancia viciosa de palabras'. Y nosotros, gráficamente, decimos: «Lo vi con estos ojos que se los va a tragar la tierra». El señor Rodrigo Salazar anota que los españoles abusan de esta figura en expresiones para nosotros fastidiosas, como ‘subir arriba’ y ‘bajar abajo’, en las que se aplica la segunda acepción que la Academia le da al término. En la novela Mira si yo te querré, del español Luis Leante, aparece con frecuencia la locución «salir afuera». Y en el diccionario de María Moliner, española de pura cepa, encuentro lo siguiente, después de la definición de la figura: «… otras veces constituye verdadera redundancia, y, en ocasiones, aunque podría tacharse de tal, es una manera de dar una terminación a la frase que, de otro modo, quedaría como incompleta: ‘Entrad dentro si queréis descansar. Subí arriba sin esperar el ascensor’». Se apoya, quizás, en Cervantes, Quevedo, Santa Teresa, etc. Lo mismo dice Emilio Martínez Amador, español también: «Otros pleonasmos muy corrientes, y en muchos casos indispensables, son: "entrar adentro","subir arriba", "bajar abajo", etc.» (Mega Gramatical y Dudas del Idioma). Es su muy venerable opinión, que muchos no compartimos, porque los verbos ‘entrar’, ‘subir’ y ‘bajar’ dan con suficiencia la idea que se quiere expresar. En esos casos, para efectos literarios y, quizás, de precisión, es preferible acudir al complemento de lugar respectivo, por ejemplo: "entrar a la sala"; "subir al quinto piso"; y "bajar al pie de la montaña". De todas maneras, señor Salazar, «por los gustos se venden los calamacos».

«Rece cinco padrenuestros y cincuenta avemarías», le impone como penitencia el sacerdote al penitente antes de absolverlo de todas las barbaridades que le confesó. Con los vocativos ‘Padre nuestro’ y ‘Ave, María’ —éste, del latín, que nosotros traducimos ‘Dios te salve, María’— comenzamos las oraciones que todos los católicos sabemos de memoria, tanto, que de ahí se originó la expresión «saberlo como el avemaría». Y con ellos el idioma formó hace mucho tiempo los sustantivos comunes ‘padrenuestro’ y ‘avemaría’. Con el primero, el pueblo se inventó el refrán «ganar indulgencias con padrenuestros ajenos», que el redactor de la sección de LA PATRIA, supimos que (V-11-08), y no sé por qué, transcribió de esta manera atroz: «Indulgencias con padres nuestros ajenos». ¡Eh Ave María, hombre!, exclamó un paisa después de leer ese titular.

Cuando yo estudiaba, tiempo ha, durante uno de aquellos ‘recreos’ tan esperados, traté de hacerle pronunciar a un profesor español la palabra ‘ocasión’, para ver si pronunciaba esa ‘ese’ como la ‘ce’ de ‘atrición’. Pero no, la pronunció correctamente, porque en la mayoría de los españoles no se presenta el ‘seseo’, fenómeno que intriga al señor Rodrigo Salazar. Para hacerlo con propiedad y profundidad, copio aquí la explicación que de él ofrece el Diccionario panhispánico de dudas: «1. Consiste en pronunciar las letras c (ante e, i) y z con el sonido que corresponde a la letra s; así, un hablante seseante dirá (seresa) por ‘cereza’, (siérto) por ‘cierto’, (sapáto) ‘por zapato’. 2. El seseo es general en toda Hispanoamérica y, en España, lo es en Canarias y parte de Andalucía, y se da en algunos puntos de Murcia y Badajoz. También existe seseo entre las clases populares de Valencia, Cataluña, Mallorca y el País Vasco, cuando hablan castellano, y se da asimismo en algunas zonas rurales de Galicia. El seseo meridional español (andaluz y canario) y el hispanoamericano gozan de total aceptación en la norma culta». Pero, se puede añadir, es la causa de la incertidumbre en el momento de escribir esas voces que tienen ‘ce’ y ‘ese’ (precisión, por ejemplo), pues siempre preguntamos si la primera es con ‘ce’; y si la segunda, con ‘ese’. O al revés, como en ‘posición’.

Don Cecilio Rojas no pudo conciliar el sueño después de leer la siguiente frase de Juan Camilo Restrepo: «La llamarada de los precios internacionales de los alimentos y de algunos ínsumos básicos de la agricultura…» (LA PATRIA, IV-28-08). La impresión no hubiera sido tan fuerte y, quizás, no lo habría desvelado, si en el mismo artículo el señor Retrepo no lo hubiera rematado con esto: «Al tener una clara dependencia de ínsumos importados…». Pero no se trasnoche, don Cecilio, que hay quienes dicen ‘méndigo’, y duermen a pierna suelta.

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