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| Diario Hoy (La Plata, Buenos Aires, Argentina)
Martes, 10 de abril del 2007

PERSISTENCIAS E INTERCAMBIOS CULTURALES DE LA LENGUA

El origen latino


Se cree que el latín es un idioma difícil y alejado del común de la gente. Pero Lía Galán, doctora en Filología Clásica de la UNLP, asegura que «todos hablamos latín»; y este informe se encargará de demostrar que la lingua franca está presente hasta en los lugares menos pensados


Cuando el Vaticano sentenció habemus Papam, todos se enteraron de que la autoridad pontificia había sido elegida. Cuando el objeto de ese habemus, el Papa Benedicto XVI, anunció la vuelta de las misas en latín, el idioma romano base de nuestra lengua fue tema de conversación en todos lados (aunque en castellano, por supuesto). «La Iglesia, en un momento, se dio a la tarea de evangelizar y ¿en que lengua iba a hacerlo? en latín, el idioma que hablaba todo el mundo», explica Lía Galán, doctora en Filología Clásica y directora del Centro de Estudios Latinos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Si bien el Vaticano reconoce el latín como su lengua oficial, los usos actuales son muy variados y, según la especialista, es usado todo el tiempo de manera inconsciente.

«La persistencia fundamental del latín es una cultura», sentencia Lía y ejemplifica: «Todos hablamos latín en cierto punto porque hablamos castellano, está tan metido adentro y tan arraigado que no nos damos cuenta». Apunta a un eje clave, que tiene que ver con la pregunta por el origen: discernir de dónde viene el sistema castellano, no sólo en las formas gramaticales sino en conductas cotidianas: «No pasar por debajo de una escalera, por ejemplo, es una costumbre romana», asegura la especialista.

El latín era la lengua de la administración romana: estaba en las monedas y en los documentos públicos. Pero en las provincias se fueron creando distintos dialectos con base latina, que posteriormente se transformaron en idiomas vigentes aún hoy. Son el castellano, rumano, catalán, francés, portugués y por supuesto, el italiano. «No acepto que se diga que es una lengua muerta, el idioma que hablamos es latín, con el sustrato específico que le da nuestra cultura, pero nosotros hablamos una lengua transformada que tiene su raíz en el latín», refuerza Lía y explica las mutaciones en el proceso histórico. «Si vemos cómo arma las frases Cervantes en El Quijote, es un claro ejemplo de que el castellano cambió bastante desde el siglo XVII para acá, imaginémonos en veintidós siglos lo que puede cambiar un idioma», sostuvo.

Para qué sirve

«No es lo mismo no saber latín que habérselo olvidado», desafía la doctora en Filología Clásica y huye del pragmatismo: «El latín me ayudó a entender mejor lo que pasa, no sirve leer en el idioma original las leyes de Cicerón si no se pueden ver sus aplicaciones prácticas en la actualidad. El pasado no es una cosa muerta, se reinventa todos los días. Ahora, si la construcción intelectual de una sociedad pasa por privilegiar lo inmediato, entonces sus cimientos se vienen abajo».

¿Cuál es la diatriba? El latín como goce y trascendencia intelectual o el latín en su uso pragmático. Lo que dice Lía Galán intenta evitar dicotomías: «El latín tiene un grado de precisión y una capacidad para relacionar cosas que lo convierte en el privilegiado para el uso científico». Se sigue utilizando en filosofía, psicología, política y lógica tanto como en matemáticas y ciencias naturales, y todas las ramas del arte. Galán da un ejemplo concreto: «Los investigadores en Botánica, cuando descubren una especie, la tienen que registrar en Suecia y ahí se sigue pidiendo una descripción de la planta en inglés y latín, no sólo el nombre técnico, sino una carilla descriptiva».

En las áreas pedagógicas el uso del latín es muy fuerte. La carrera de Letras de la Facultad de Humanidades de la UNLP tiene varios niveles de latín: «Mis alumnos leen, por ejemplo, El arte de amar de Ovidio, que es tremendo», cuenta Galán.

Se puede ver también hasta qué punto ha conservado algún viso imperial, según el testimonio de la filóloga: «El pueblo que pretende dominar, siempre quiere quedarse con los clásicos. Cuando empieza el proyecto de la construcción de la nación alemana en el siglo XVIII, que no tiene la tradición latina, empiezan a traducir todos los clásicos al alemán y ponen a todo el mundo a leerlos.

Antes se los habían adueñado los ingleses, luego de la revolución industrial, y ahora Estados Unidos en sus ciencias sociales se está apropiando de los clásicos». Hoy, como ayer, el latín es (o pretende serlo) la lengua de los dominantes.

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