Noticias del español

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| Efraín Osorio
lapatria.com, Colombia
Martes, 6 de mayo del 2008

PARRICIDIO, BREGAR, MENSAJES DE TEXTO

Cómo les parece que se equivocaron los dos; el periódico caldense, al aceptar el tirón de orejas; y el ‘ciudadano’, al jalárselas.


«Gracias por la corrección», acepta sumisa y humildemente LA PATRIA en Línea Directa del 26 de abril. Un lector, que firma como ‘ciudadano’, le hizo esta observación: «Si el joven mató a la mamá no se trata de un parricidio sino de matricidio, y el hijo es un matricida». Cómo les parece que se equivocaron los dos; el periódico caldense, al aceptar el tirón de orejas; y el ‘ciudadano’, al jalárselas. Sí es un parricidio. El castellano tiene algunas voces con las que se expresa la idea de dar muerte a un familiar. Son ellas patricidio ('dar muerte a un ascendiente o descendiente', de donde sale patricida); matricidio ('acción de matar a la propia madre', de donde se origina matricida); filicidio ('muerte dada por un padre o una madre a su propio hijo', de donde proviene filicida); y uxoricidio ('muerte causada a la mujer por su marido', origen de uxoricida). Pero, y es aquí en donde está la razón del error anotado arriba, tenemos la palabra parricida, que se aplica a quien comete un parricidio, que es 'la acción de matar una persona a su padre, a su madre, a su cónyuge o a un hijo suyo'. Y de acuerdo con su definición, patricida es sinónimo de parricida. La culpa de esta aparente anomalía la tiene el latín, que calificaba de parricida (de pater-patris —padre— y de caedere —matar—) a quien asesinara a cualquier individuo de su familia. Cicerón, que alguna cosa sabía de latín, llamaba también de esta manera a quien asesinara a un conciudadano, a los traidores de la patria y a quien fabricara armas para combatirla. Y con razón —¡digo yo!—, porque patria nació también del latín patria (de pater). ¿Enredado? —Léalo con atención, y verá que no.

Al señor Mario Restrepo le da mucha brega conjugar el verbo bregar. Y no se le puede reprochar, porque es muy común hacerlo como fregar (friego, friegas, friega, fregamos, fregáis, friegan.), verbo irregular que se conjuga siguiendo el modelo acertar. Pero no. El verbo aquel, dolor de cabeza del señor Restrepo y de muchos paisanos, es regular, por lo que se conjuga como el verbo amar, aunque, aparentemente, la única relación que tienen es que pertenecen a la primera conjugación de nuestro idioma. Así, pues, hay que decir yo brego, tú bregas, él brega, nosotros bregamos, vosotros bregáis, ellos bregan. Uno de los medios de que se puede valer un redactor cuando tiene la duda de si un verbo es regular o irregular, es acudir al sustantivo correspondiente, por ejemplo, de nevar(irregular), la nieve; de volar (irregular), el vuelo; de fregar (irregular), la friega; de almorzar (irregular), el almuerzo; de herrar (irregular), el hierro; y de bregar (regular), la brega. Pero, y es éste un pero monumental, entre nosotros, y en alguna región de España, se usa el sustantivo la briega, aceptado por la Academia. Es decir, don Mario, que ésta, la rectora del idioma, nos permite decir la briega, pero nos prohíbe conjugar *yo briego, tú briegas, él briega, etc…. ¡Cosas de los académicos!

Pero esto no es nada si lo comparamos con la siguiente monstruosidad: el pasado domingo, 27 de abril, el periódico bogotano le dedicó media página a un dizque Diccionario para mensajes de texto. La nota comienza con la siguiente frase: «Friend ns vms aki a ls 8. Tngo l depre». Y la redactora, Catalina Oquendo, tiene la cachaza de preguntarle al lector si entendió. Y dice enseguida: «No es una broma. El director de la Real Academia Española de la lengua, Víctor García de la Concha, dijo que las academias deberán estudiar la viabilidad de regular el lenguaje de los mensajes que circulan por celular e Internet como parte de una nueva edición de la ortografía». ¿Que qué? Esto sí tiene que ser un chiste cruel, o ese señor, ese día, se la fumó biche. Lo mismo vale para la señora Sonia López, lingüista y jefe de comunicación social de Eafit, quien dice que este nuevo lenguaje es un fenómeno de economía lingüística. Y añade: «Seguramente un purista dirá que deben escribir con ortografía, pero yo creo que son excelentes estrategias que los profesores deberían aprovechar para explotar las habilidades comunicativas de los jóvenes». ¿Que qué? Lo dicho, un gracejo crudelísimo. Pero inaceptable, ya que proviene de un señor, el flamante director de La Academia de la Lengua, cuya obligación es velar por la autenticidad y coherencia del idioma; y de una lingüista, que debe respetar su profesión. Que hagan su diccionario, yo no puedo oponerme, pero que recuerden la perogrullada aquella que dice que «una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa»; y, además, que tengan en cuenta que «no se puede confundir la caca con la pomada».

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