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Reynaldo Sanchez

www.impre.com

Jueves, 1de septiembre del 2011

ORIGEN DE LOS NOMBRES DE LOS HURACANES Y LAS TORMENTAS


Durante los meses de junio a noviembre de cada año, en la costa este de Estados Unidos, miles de personas se preparan para recibir lo que ha venido a llamarse la temporada alta de los huracanes y las tormentas.


Nombres como Andrew, Katrina y más recientemente Irene, pasan a formar parte del léxico de las personas que viven en esa zona. Pero, quizás muy pocos conozcan la historia de los nombres de los huracanes y las tormentas.

 

Razón de nombrar a los huracanes y las tormentas:

La razón básica es simple, usar nombres cortos facilita el recordarlos y se presta menos a confusión. Los métodos de identificación antiguos de longitud y latitud, eran más incómodos. Estas ventajas son sobre todo importantes, al intercambiar información detallada entre cientos de tormentas dispersadas extensamente, a lo largo de los mares.

 

El uso de nombres fácil de recordar, reduce la confusión cuando dos o más tormentas tropicales ocurren al mismo tiempo. Por ejemplo, un huracán puede moverse de una manera lenta hacia el oeste en el Golfo de México. Mientras al mismo tiempo, otro huracán puede moverse rápidamente hacia el norte a lo largo de la costa Atlántica. En el pasado, la confusión y los falsos rumores confundía y los avisos de emisoras de radio sobre advertencias acerca de una tormenta difería por lejos en el millaje.

 

Historia de los nombres de los huracanes:

Durante varios cientos de años, muchos huracanes en las Antillas fueron nombrados después del día del santo particular al cual el huracán se formó. Iván R. Tannehill describe en su libro Huracanes, las tormentas tropicales principales de la historia registrada y menciona muchos huracanes nombrados de acuerdo al santoral. Por ejemplo, hubo uno llamado Huracán Santa Ana que golpeó Puerto Rico con violencia excepcional el 26 de julio de 1825, y otros como San Felipe (el primer) y San Felipe (el segundo) que golpearon Puerto Rico el 13 de septiembre tanto en 1876 como en 1928.

 

Tannehill también cuenta que Clement Wragge, meteorólogo australiano comenzó a dar nombres femeninos a las tormentas tropicales antes del final del siglo XIX. Un ejemplo temprano del uso de nombres femeninos para una tormenta estaba en la novela La Tormenta de George R. Stewart, publicado por en 1941, y filmada por Walt Disney.

 

En 1953, los Estados Unidos abandonaron un plan confuso de llamar a las tormentas por un alfabeto fonético, cuando un nuevo alfabeto fonético fue introducido. Ese año, Estados Unidos comenzó a usar nombres femeninos para las tormentas.

 

La práctica de llamar a los huracanes únicamente por nombres femeninos llegó a su final en 1978, cuando nombres masculinos y femeninos fueron incluidos en las listas de tormentas del Pacífico del Norte y del Este. En 1979, los nombres masculinos y femeninos fueron incluidos en listas para el Atlántico y el Golfo de México.

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