Noticias del español

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| María Ángeles Sastre/Profesora de Lengua Española de la Universidad de Valladolid
El Norte de Castilla (Valladolid, España)
Sábado, 30 de diciembre del 2006

NUMERALES CARDINALES

LOS numerales cardinales son los nombres de los números naturales (o enteros) e indican la cantidad exacta de componentes de un conjunto.


Estos pueden ser nombres (o sustantivos), adjetivos, pronombres o determinantes, dependiendo del contexto de uso. Por ejemplo, son nombres masculinos cuando designan el nombre del número al que representan, como en Mi número favorito es el cinco. Son adjetivos cuando se usan como ordinales (en cuyo caso van siempre pospuestos al nombre), como en capítulo veinte, kilómetro tres o artículo treinta y cuatro. Son pronombres cuando no van acompañados de un nombre, como en Póngame dos o Me quedo con los tres. Y son determinantes cuando van inmediatamente antes del nombre, como en tres hijos, otras dos semanas, esos diez libros, ¿qué dos coches!, dos libros míos, etcétera.

Una característica de los numerales cardinales es la posibilidad de formar sustantivos derivados con el sufijo '-ena' (decena, docena, quincena, veintena, treintena, centena…).

El comportamiento de uno, el numeral cardinal que ocupa el primer lugar de una serie, presenta algunos problemas de uso. Por ejemplo, cuando es adjetivo o pronombre tiene variación de género pero no de número (capítulo uno, deme uno). Si funciona como determinante, también con variación de género, uno toma la forma un ante nombres masculinos (un guante, una chaqueta). Cuando designan el nombre del número al que representan no existe variación de género porque se trata de un nombre masculino pero sí de número (el número ciento once se escribe con tres unos).

En los numerales formados con uno, este adopta siempre la forma una ante nombres femeninos (veintiuna lámparas, treinta y una páginas, cuarenta y una semanas, cincuenta y una mujeres… y así sucesivamente). De hecho, una de las transgresiones más reiteradas, tanto en la lengua escrita como en la hablada, consiste en utilizar el numeral uno como forma invariable: veintiún lámparas, treinta y un páginas, cuarenta y un semanas y cincuenta y un mujeres.

¿Qué ocurre si al numeral formado con uno le sigue el también numeral cardinal mil? Nadie duda de que hay que decir veintiún mil euros, treinta y un mil libros o cuarenta y un mil coches, pero ¿y si son libras, pesetas, novelas o bicicletas? Hasta hace poco (noviembre del 2005, fecha de la publicación del Diccionario panhispánico de dudas), la norma era que un es la forma única ante mil, tanto si le sigue un nombre masculino como femenino. Había que decir entonces veintiún mil libras, treinta y un mil pesetas, cuarenta y un mil novelas, cincuenta y un mil bicicletas, y así lo registran las gramáticas, diccionarios de dudas y manuales de estilo. Pero, una vez más, la RAE ha dado la campanada y, para nuestra sorpresa —y la de muchos—, considera correctas y preferibles las formas en femenino porque están muy extendidas en el español culto de hoy: «…cuando entre el numeral y un sustantivo femenino se interpone la palabra mil, la concordancia de género es opcional. […] La concordancia en femenino se está imponiendo en la lengua actual, por analogía con la que obligatoriamente establecen los numerales referidos a centenas». Así que pueden decir ( y escribir), sin miedo a que les corrijan, veintiuna mil libras, treinta y una mil pesetas, cuarenta y una mil novelas y cincuenta y una mil bicicletas. Y si alguien les reprocha o les censura este uso, tengan a mano el as 'Academia dixit'.

Y todavía hay quien tilda a la RAE de retrógrada, de anticuada y de reaccionaria. Un ejemplo precioso este de cómo las normas también se amoldan a los usos.

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