Noticias del español

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| Andrés Chaves
cronicasdlanzarote.com, España
Martes, 17 de marzo del 2009

NUESTRO IDIOMA

1.- Al mago le gusta mucho, tras poner un piso, arrejuntarlo.


Es decir, colocar ciertos productos en las rendijas entre la cerámica que ha extendido, para cerrarlas. También, ya en techos sobre todo, construir un machimbrado, que es unir una madera con ariete junto con otra que la recibe y así componer un artístico panel. Machimbrado viene de macho y de hembra y me parece una voz muy elocuente, pues una forma penetra y la otra recibe. Cuando el mago va al urólogo acude a lo que él llama especialista en el caño del orín y cuando es recetado del estómago gusta decir que el galeno le ha diagnosticado una úrsula en el estógamo. Esta enfermedad está muy extendida entre los rurales nuestros; y si no la enfermedad, sí su pintoresca denominación. El mago ha sustituido el menos mal por el buenos mal, a causa de una cuestión auditiva: escuchó la expresión, la confundió y ya todo fue una cadena. La maga, cuando anda algo cansada, no se corta y dice: «Me estoy caendo». Un gerundio precioso.

2.- Pero quien está haciendo fortuna —quizá mala fortuna— en esto del idioma es el elemento barriada, que ha sustituido el habla del mago por otro mucho más agresivo. Lo más que llama la atención es la falta de vocabulario. Ese: "¿pashaaaaaa?" del mata ha hecho mucho daño. El barriada ha optado por no hablar propiamente dicho, sino por emitir unos sonidos ininteligibles para los no iniciados: «dame cigarrito ahí», «ya, mano, flipo, alucino en colores». Una frase me ha hecho siempre mucha gracia: «Espérame ahí que voy a la farmacia a comprar crema pal careto la vieja» (una pomada para su madre).

3.- Algo que está haciendo mucho daño al español son los mensajes de móviles: «toi ok llego 10 min», «+ o -», «cojo trn pza candel». Yo es que me vuelvo loco para descifrarlos porque parecen mensajes en clave. Aunque el idioma está para que lo destrocen, otros tenemos la obligación de cuidarlo. Al menos los escritores profesionales. Cada vez se hace más difícil mantenerlo puro o ir creando palabras biensonantes que lo enriquezcan. La lengua es un patrimonio extraordinario y es de bergantes destrozarla. Pero no hay duda de que la Academia ha transigido tantas veces ante la presión de la calle que, al fin y al cabo, ellos, los matientos, también podrían definirse como creadores.

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