Noticias del español

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| Enrique Badosa
ABC.es, Cataluña (España)
Lunes, 10 noviembre del 2008

¿NOS POTENCIA ESTE ADJETIVO?

Una vez más, Cervantes tenía razón. Cuando, al referirse a la lengua, en el capítulo XLIII de la segunda parte del «Quijote» dice: «la lengua, sobre quien tiene (sic) poder el vulgo y el uso».


Una vez más, tal poder se evidencia precisamente con la moda de un adjetivo. No es cosa nueva. No se trata de otra presión del inglés. ¿O quizás sí? Pero está repasando se hace presente sobre todo en el lenguaje radiofónico en castellano, y poco a poco contamina la radiofonía catalana, así como el habla en ambas lenguas. Se empieza a oír en las conversaciones. Es, ni más ni menos, el adjetivo «potente».

Me percaté de su presencia reiterada en uno de los medios que van sirven para seguir la evolución lingüística: la radio. Lo detecté a finales de la primavera del 2007. Parecía que de pronto las gentes de radio en lengua castellana se hubieran puesto de acuerdo en emplear un sólo ponderativo. Como si otros no existieran. Se aplicaba casi con entusiasmo y viniera a cuento o no. «Una metáfora potente». «Un aeropuerto potente». «Unos servicios secretos potentes». «Una potente historia de amor». Etcétera. ¿Se iba a desterrar los tópicos «fundamental» y «espectacular»? Pues no. Poco a poco, este «potente» se abriría paso como nuevo y aburridísimo tópico. Primero, con lentitud. Pero a partir del verano pasado, este a menudo absurdo «potente» he instalado sus reales.

Cualquier cosa ahora puede devenir «potente», desde un prestigio a una orquesta, desde una conversación a… El adjetivo «potente» se va imponiendo de modo… «potente». ¿Hasta cuándo? ¿Moda que, como todas, resulte pasajera? Así lo creía, o quería creerlo, hasta que ahora mismo, ahora mismo lo percibo con mayor fuerza. Cuando en una conversación alguien suelta un «potente» no adecuado, como no sea para enfatizar muchísimo…

Y ya se está empleando, al hablar no sólo como énfasis retórico, sino como algo natural. Malo, malo. Indicación de que el tópico ha hecho fortuna y conscientemente o no, «el vulgo y el uso», lo están adoptando, propiciando, extendiendo. Y, a todo esto, siguen haciendo de las suyas los «fundamental» y «espectacular», que ya llevan demasiado tiempo en la casa de la palabra. Lo mismo que el dicho «tema», que a desterrado, entre otros vocablos, «asunto». Igual que, referido al tiempo, «en» por «dentro de», y otras substituciones que empobrecen por cuanto aportan o casi aniquilan.

No, «potente» no es adjetivo que, al abusar de él, enriquezca la lengua. Si una palabra deviene lugar común, repetitiva, machacona, acabe casi por perder sentido en su pretensión de enfatizar. Sucede con los «espectacular» y «fundamental». Ya resultan poco convincentes. Sin embargo, permanecen, permanecen. Tal vez, pasado algún tiempo, suceda lo mismo con «potente». ¿El gallego y el vascuence también los padecen? No, nada de enriquecimiento.

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