Noticias del español

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| José Ramón Patterson
joseramonpatterson.wordpress.com, España
Domingo, 12 de septiembre del 2010

NO PASA NADA, NUNCA PASA NADA

Casi cada día recibo en mi correo un mensaje de la Fundéu, la Fundación del Español Urgente, con alguna recomendación sobre el uso correcto de la lengua española.


Heredera del extinto departamento de español urgente de la agencia Efe creado por Luis María Ansón, su objetivo principal es preservar nuestro idioma de las agresiones de los periodistas, debidas en unos pocos casos a meros errores y las más de las veces a un atroz desconocimiento del significado de las palabras y de las normas gramaticales básicas. La suya es, sin duda, una tarea encomiable, pero los enemigos son tantos y tan engreídos que me parece una batalla ardua y prácticamente perdida. En otro artículo ya dije que la metaignorancia asuela el periodismo, así que no voy a insistir en ello.

En sucesivos mensajes la Fundéu me ha recordado, por ejemplo, que Inglaterra, Gran Bretaña y el Reino Unido no son sinónimos, que tampoco es lo mismo señalizar que señalar ni un pedófilo que un pederasta, que duodécimo es un ordinal y doceavo un partitivo; que cómo, cuándo y dónde llevan tilde, y también qué y quién cuando son palabras interrogativas o exclamativas; que electo es el elegido para un cargo del que aún no ha tomado posesión, que la escala de Richter mide la magnitud de un terremoto y la de Mercalli la intensidad, que Corea del Norte no es Norcorea, que islamista radical, totalmente calcinado, completamente repleta, aforo máximo, allanamiento ilegal y funcionario público son expresiones redundantes o que la persona que mata a su hermano no es fraticida ni fatricida, sino fratricida.

Lo peor de todo es que son expresiones oídas en medios que han aceptado someterse a los análisis de la Fundéu y seguir sus recomendaciones, muchas de las cuales certifican simplemente que la burricie campa a sus anchas por las redacciones. Unos ejemplos: «La inversión en televisión decreció el –28 % en el 2009», «El Liceu enjuaga su déficit aplazando pagos», «Nadal califica para la ronda siguiente», «Obama enviará 30.000 tropas a Afganistán» o «Zapatero saca pecho de sus inversiones en Cataluña». Necedades parecidas se pueden oír y leer diariamente en todos los medios de comunicación; prensa, radio o televisión, da lo mismo, la idiocia, ya sea congénita o adquirida, afecta a todos por igual. Ayer, sin ir más lejos, renuncié a seguir ojeando el periódico cuando leí en la página 26 que «A consecuencia del empellón, la mujer salió empujada contra un muro del jardín».

No sé a ustedes, pero a mí me cuesta trabajo mantener la atención en una noticia cuando detecto que, como decimos muy gráficamente los propios periodistas, está escrita con el culo o quien la escribió demuestra ya en la primeras líneas que no sabe de qué habla. No me refiero al conocimiento de las cosas exigible a los expertos, sino a la obligación de cualquier periodista de saber, al menos, quiénes se enfrentaron en la Segunda Guerra Mundial, que no es posible que el hombre conozca desde hace miles de millones de años que hay medusas en el Mediterráneo o que el Ara Pacis erigida en Roma no pudo levantarse en el siglo XIII a.c., es decir, 500 años antes de la fundación de la ciudad. Y que, por supuesto, Colón no fue ningún personaje modélico, como escuché en televisión, sino un auténtico cabrón que volvió encadenado a España por joder al prójimo y ejercer de manera desastrosa como virrey. Muchas de estas cosas, por cierto, ya venían en la Enciclopedia Álvarez de primer grado.

Siendo editor adjunto del Canal 24 de TVE, una redactora respondona me objetó que «en la tele eso no se nota» cuando le corregí una información sobre un atentado: los hospitales, según ella, no daban a vasto para atender a los heridos. Otra vez que traté de explicarle que, además de Evo Morales, todos los presidentes de Bolivia fueron indígenas salvo el general Gamarra, que era peruano, simplemente replicó, con tono desdeñoso, «¡qué listo eres!». No entendió, claro, que no estaba haciendo un alarde de erudición, sino intentando decirle que indígena no es sinónimo de indio y que indios, además, también son los originarios de la India. Si utilizamos tan mal la lengua, nuestra principal herramienta de trabajo —pensé para mí—, ¿por qué se va a fiar nadie de que lo que contamos es verdad? Tampoco ayudan, claro, afirmaciones tan contundentes como que adelantando una hora el reloj en verano «se consigue aprovechar mejor la luz solar porque, a los efectos, mañana domingo amanecerá antes y también anochecerá más tarde».

En la película Los lunes al sol, Santa, el personaje magistralmente interpretado por Javier Bardem, explica a su amigo Lino qué son las antípodas: «Australia sí que es la hostia… Las antípodas. ¿Tú sabes qué quiere decir antípodas? Lo-contrario…», dice Santa. Más o menos, su explicación es correcta, aunque no tengo tan claro que sea cierto lo que comenta a continuación: «Aquí no tienes trabajo, allí sí; aquí no follas, allí sí». Fernando León, director y guionista de la película, comete sin embargo el mismo error que muchos medios de comunicación al situar reiteradamente nuestras antípodas en Australia, cuando, para ser precisos, están en Nueva Zelanda. Que los periodistas sepamos ubicar Surinam en su sitio —en el continente americano, no en Asia— o discernir entre el Ulster e Irlanda del Norte ya es, como suele decirse, pa nota.

Todo esto viene a cuento de que, en una profesión en la que cada vez abunda menos el conocimiento y en bastantes ocasiones —sobre todo en televisión— se sacrifica el rigor en aras del espectáculo, programas tan magníficos como En portada, que puede considerarse como el mejor programa español de reportajes y uno de los mejores de Europa, espacios así, decía, cobran una relevancia aún mayor y justifican por sí solos la existencia de un medio público como TVE. Por eso no entenderé nunca que lo posterguen al Canal 24 Horas, aunque haya otro pase por La 1 pero ya como «plato de segunda mesa». A cambio seguiremos viendo como se dedican los tres primeros minutos del informativo estrella a un partido de hace veinticuatro horas antes de abordar la noticia del día, en este caso la aprobación de la reforma laboral, o imágenes de una concentración fascista en vez del funeral por los asesinados en un despacho laboralista de Atocha. Pero no pasa nada. De hecho, nunca pasa nada.

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