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Domingo, 16 de agosto del 2009

¿MEXIQUEÑO O CHILANGO?

El Diccionario panhispánico de dudas llama de un modo extraño y singular a los nacidos en la capital de México.


En el país existen millones de mexiqueños, pero la mayoría ignora que lo es. Si usted reside en la Ciudad de México entonces lo más probablemente es que sea un mexiqueño, es decir, un «natural» de la capital de la República Mexicana según el criterio de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

¿Lo sabía? No se preocupe, decenas de personas entrevistadas en las pasadas dos semanas para este trabajo en diversas delegaciones del Distrito Federal tampoco tenían idea de ser mexiqueños. Sin embargo los académicos de la lengua confirmaron que los mexiqueños existen, al menos como concepto, en octubre del 2005, cuando se publicó el Diccionario panhispánico de dudas, un apantallante tumbaburros que en la página 435 consigna en el artículo sobre «mexicano»: «… No debe confundirse este gentilicio con mexiquense, que es como se denomina a la persona oriunda del estado de México (…) ni con mexiqueño, que es el gentilicio de los naturales de la capital de país».

Aunque la definición del Diccionario panhispánico de dudas parezca osada, de hecho es incluso más mesurada que la propuesta en la edición reciente del Diccionario de la lengua española (2001), en la que se afirma sobre la palabra mexiqueño: «… natural de México», proponiéndola como sinónimo de mexicano…

Sin embargo la aparición de la palabra mexiqueño en los diccionarios preparados por las academias de la lengua española ha pasado prácticamente inadvertida. En las calles del DF sólo hay que preguntar al azar a los transeúntes para verificar que ésa es una palabra nunca utilizada y absolutamente desconocida por los supuestos mexiqueños.

«¿Cómo dice? Querrá usted decir mexiquense, pero no, yo soy chilanga», responde la señora Delia Romo, maestra de español en una primaria de la delegación Coyoacán y residente en Azcapotzalco, para quien el gentilicio de los habitantes de la capital debe ser «chilangos, defeños o capitalinos». Y sorprendida comenta: «En mi vida había oído o leído esa palabrita, ¿mexi… qué? La voy a apuntar».

Desconocida en el mundo real, insignificante en el virtual

Internet, un nuevo campo de investigación para observar y analizar el uso del español, también ofrece datos sobre la difusión de la palabra mexiqueño. De acuerdo con los registros del buscador Google, el más utilizado en México, hasta un día antes de publicarse este texto había 2.250 mil 250 entradas relacionadas con la palabra mexiqueño. En contraste, Google muestra 496.000 entradas al buscar la palabra chilango, una cantidad nada despreciable si se considera que sobre mexiquense, un gentilicio oficial, muy conocido y usado, hay 583.000 entradas.

Mexiqueño, entonces, aunque es una palabra consignada en dos de los diccionarios del español más prestigiosos, es un término desconocido en el mundo real y muy poco socorrido en el virtual. ¿Un gentilicio falso? Ninguno de los diccionarios mencionados advierte que sea un neologismo propuesto a falta de un gentilicio oficial para los habitantes del DF. Y aunque los residentes del área metropolitana inmediatamente pueden notar que se trata de una nueva palabra, quien consulte los diccionarios en el resto del mundo podría creer que es un mexicanismo de uso local. De hecho, en Internet ya se dan casos en algunas páginas en ruso e inglés.

Pero esa palabra es un mexicanismo espurio. Sin duda es revelador que en el Índice de mexicanismos, editado por la Academia Mexicana de la Lengua (AML) en 1997, mexiqueño no aparece entre los 69.566 mexicanismos consignados. Es decir que entre ese año y el 2001, cuando se publicó el Diccionario de la lengua española con la colaboración de la AML, nació la palabra mexiqueño.

El doctor José G. Moreno de Alba, director de AML, no estuvo disponible por motivos de viaje para explicar cuándo y quién propuso la palabra mexiqueño y el doctor Fernando Rodríguez Guerra, coordinador del Centro de Lingüística Hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, se excusó de no hacer comentarios por motivos de agenda.

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