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| Alí Medina Machado (A Pancho Crespo Quintero, por su lirismo musical). Diario El Tiempo, Valera (Venezuela). Miércoles, 27 de septiembre del 2006

¿Manisero o manicero?

¿Manisero o Manicero? depende de cómo usted quiera recibir esta palabra de escritura indiferente o vacilante.

Como quiera considerarla, porque es que si usted baila esta composición cubana al compás de la «Solera de España», orquesta peninsular dirigida por el maestro Enrique Oliva, o la baila al ritmo de la «Orquesta Montilla», también española, seguramente que usted disfruta de un «Manicero» espléndidamente español; pero, si usted está en un salón de baile de este continente latino y está gozando al compás de la «Lecuona Cuban Boys», o de la cubanísima orquesta de Xavier Cugat, ese «Manisero» le llegará al alma con toda seguridad… Ya sea con c, ya sea con s, el maní+ero de Moisés Simons, por ser música antillana, calienta la sangre y hace estallar la emoción de toda la castellanía de ambos mundos.

Manicero, dice el diccionario de la RAE, y manisero dice de inmediato el mismo diccionario, para indicarnos que se puede escribir indiferentemente con c o s, es un americanismo, y adjetivo y como tal tiene características morfológicas de género y numero, y también nos dice que se aplica a personas. Pues bien, manicero o manisero, es aquella persona que se dedica a vender maní.. Y en Chile, —también nos refiere el señor diccionario—, se llama manicero o manisero al carrito que empuja el vendedor de maní, (DRAE:973)

Como vemos entonces, oficialmente la palabra se puede escribir con c o con s, según su gusto. A lo mejor, los puristas prefieran el fonema c, claro, por ser más clásico y estandarizado. Pero, de escribirse con s, a la palabra no le faltaría nada, más bien tendría un poco de sazón, porque el fonema s es más popular que su hermano c, así de simple.

¿Y qué hace esa c o esa s en medio de la palabra?, pues veamos qué es lo que ha ocurrido: La palabra maní es un americanismo. Es una voz taína (indígena, para más señas); voz arauaca de Haití dicen también que es… Y sofisticadamente lo vinieron convirtiendo en cacahuate o cacahuete, o como sostiene Rosenblat:

Parecido es el caso de los cacahuates mejicanos (de cacáhuatl). Es España, por influencia de la terminación —huete— de otras palabras (de alcahueto, por ejemplo), los convirtieron en cacahuetes (y aún en cacahués, cacahueses, alcahués o alcahueses)… (ROSENBLAT:26).

Y se pregunta el notable filólogo: ¿Quién tiene el derecho de corregir a quién?

Este signo es un sustantivo que se puede convertir en un adjetivo. Para ello se hace uso de una licencia morfológica que tiene la lengua (o el idioma si usted quiere decir así) para la formación de las palabras, que consiste en agregar sufijos con los que se forman palabra derivadas o derivativas, como también se las conoce. Sucede entonces que a la palabra base maní usted, le agrega el afijo –ero, y le va resultando una construcción léxica más o menos así: maniero; y en principio usted tiene ahí una especie de profesión u oficio, porque el sufijo –ero genera esta adjetivación: torero, panadero, tendero... Pero no es maniero, dirá usted, preocupado, sino manicero o manisero, y ¿por qué esa letra c o s allí incrustada? Pues también allí hay una explicación razonada, esta vez explicada por las llamadas figuras de dicción o elaboraciones que creó la señora Retórica para fregarnos la paciencia, agregando o quitando letras al principio, en medio o al final de la palabra, como vemos esa c o esa s de la palabra maniceromanisero— que es una epéntesis (metaplasmo que inserta un sonido interior llamado epentético), para más señas.

Y hay más todavía que decir en lo que corresponde a la fonología, pues hay letras que pueden representar sonidos diferentes como es el caso de la c, la s y la z, cuestión que tiene que ver directamente con lo que estamos analizando. Por ejemplo, la c es de predominio español, pero la s, lo es americano. Entonces, dejemos el «manicero» para los españoles y quedémonos nosotros con nuestro «manisero» americano, porque así lo dicta el «seseo» ese fenómeno de pronunciación tan arraigado en nuestros pueblos, y que lo explica la ortografía de la lengua española de la siguiente manera:

El fricativo sordo, de articulación mayoritariamente predorsal, representado también en la escritura mediante la letra s. Este fenómeno de identificación, conocido con el nombre de seseo, es general, actualmente en el suroeste de la Península Ibérica, en las Islas Canarias y en toda la América Hispana. (Ortografía de la Lengua Española:4)

Y Rosenblat dice sobre el seseo: «Ya desde el siglo XVI conserva hasta hoy un rasgo unificador; el seseo (con la misma s se pronuncia sí, ciencia, corazón) […]. Es muy significativo que toda Hispanoamérica, aun las regiones colonizadas desde otros centros, como el Río de la Plata, aun las colonizadas tardíamente, presenten este rasgo unificador del seseo… (ROSENBLAT: 44)

En fin, sea con o con s, el manicero-manisero se hizo para escucharlo y para gozarlo. Más que palabra es obra y así debemos percibirlo, porque siendo palabra no es más que un conjunto de fonemas consonantes y vocálicos que se articulan para formar un lexema; pero siendo ese clásico de la música caribeña, es un patrimonio que nos identifica y nos unifica para que entendamos que somos una cultura que tiene un idioma con sus peculiaridades, como acabamos de ver, pero que tiene una música que suena sabroso con c y con s con ceceo y seseo, por lo que a la Academia no le quedó otra alternativa que aceptar esta doble escritura, que no es más que un acto de libertad, porque la lengua es libre, y porque es el uso el que termina imponiendo la norma, y porque la grandeza del lenguaje está en esas históricas dicotomías que aparecen entre vocales y consonantes unas veces, y otras, entre vocales y diptongos.

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