Noticias del español

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Andrés Hoyos

elespectador.com (Colombia)

Miércoles, 23 de mayo del 2012 

 

 

LOS POLIZONES


Hacia 1960 entró al idioma español el adjetivo «inusual». Seguramente venía de polizón en alguna revista, en un despacho de una agencia de prensa, en boca de algún estudiante universitario que anduvo de visita o a bordo de otro vehículo parlante. Las palabras viajan ligeras de equipaje y a veces tienen la fuerza contagiosa de las plagas. 


Cuando los locales empezaron a repetir el adjetivo de marras, los puristas montaron en cólera. Decía, por ejemplo, don Alfredo Iriarte, que «inusual» es «[una] traducción literal y bárbara del inglés, que puede y debe reemplazarse por insólito, infrecuente, desusado, escaso y otros». En efecto, esta sencilla y eficaz palabra es, como decía el finado Alfredo, una traducción literal del inglés unusual y tiene el obvio significado de «lo que no es usual».

Argumentan los puristas que los neologismos —y toda palabra alguna vez lo fue, como decía con sorna Borges— deben rechazarse cuando ya existen sinónimos de uso corriente en el idioma. Este argumento es en extremo débil: primero porque los sinónimos de veras equivalentes casi no existen: las palabras suelen tener, por así decirlo, hermanas mellizas, no gemelas; y segundo porque aun en los raros casos en que los significados sí son idénticos, es común un proceso alquímico mediante el cual las palabras se subespecializan, según ofrezcan caminos el uso y el abuso. Examinemos el caso de los sinónimos de «inusual» (ver http://bit.ly/KwGRQk).

Desusado es lo que antes se usaba y luego se dejó de usar. Lo inusual puede no haberse usado nunca.

Insólito es semejante por raíz, pero dada la práctica desaparición de «sólito», el opuesto «insólito» adquirió un cariz de refuerzo. Lo insólito es lo inusual que sorprende.

Inusitado: habiéndose debilitado también la acepción de «usitado» como acostumbrado, inusitado acentúa fuertemente la rareza.

Novedoso enfatiza la condición de novedad y no especifica uso alguno.

Raro afirma la condición de extrañeza, en tanto «inusual» enfatiza una contra condición.

Inaudito, «lo nunca oído», es hoy superlativo de «inusual» y por lo general connota desaprobación.

Infrecuente es el sinónimo más cercano, pero padece de cacofonía, a menos que uno quiera emplearlo para descalificar opiniones ajenas, cuando sí viene a mano.

La crítica irritada del lenguaje es un vicio nacional que nos ha tornado a los colombianos tan sumamente «correctos» como estériles en materia de escritura. Hablamos el mejor español del mundo, nos dicen, si por ello se entiende el más pobre, el más arcaico, el más monótono. El peligro con el libertinaje, insisten, es nuestra futura incomunicabilidad, o sea, el eventual desdoblamiento del español en varios idiomas. Sin embargo, uno no tiene ningún problema para entenderse con otro hispanohablante, como no sea el habitual despeje de la confusión de unos pocos vocablos que aquí sí y allá no adquirieron connotaciones vulgares o cotidianas. Estas aclaraciones, entre otras, se han convertido en parte del folclor de los viajeros.

No quiero decir con lo anterior que toda crítica del lenguaje sea inútil. Al contrario, es y será útil en la medida en que defienda la elegancia, la expresividad, la precisión, la riqueza y la novedad. Al menos yo prefiero la crítica libertaria y matizada, no la autoritaria, así ésta venga respaldada por los grandes tomos con los que nos suele dar por la cabeza la Santa Madre Iglesia, la Real Academia Española de la Lengua.

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