Noticias del español

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| Concha Mosquera de Arancibia, coordinadora editorial del Instituto Español de Oceanografía (IEO)
Madrid, octubre-noviembre del 2006

LOS LENGUAJES Y EL IDIOMA

El lenguaje es una de las dificultades principales para el entendimiento entre científicos y periodistas. El científico tiende a pensar que el lenguaje periodístico, al que ve traducidas sus palabras, es frívolo y ambiguo sin darse cuenta de que al ciudadano común le aburre su árida forma de expresión. Pero en ocasiones vemos en los medios inexactitudes, cuando no barbaridades, científicas que hacen que el investigador desconfíe; de lo que se trata es de informar bien al público para quien esta documentación va a ser, en muchas ocasiones, su fuente de formación en ciencia. Es un ejemplo muy elemental y algo exagerado, pero se sigue encontrando a veces, en algunos medios, a los delfines formando parte del grupo de los peces.


La responsabilidad del comunicador es enorme y su influencia se aprecia en la cultura básica de una parte importante de la población, tanto adulta como infantil. Una noticia recientemente publicada (13-10-2006) por el diario El País (22) informa de que España es uno de los países que menos gasta en formación de sus ciudadanos. El estudio lo ha realizado el organismo de la Unión Europea que evalúa la Agenda de Lisboa, plan que pretende convertir la economía europea en la más competitiva del mundo en el 2010.

“La ciencia ha evolucionado mucho desde el siglo XIX pero hoy día existe un gran desfase entre el desarrollo científico y la manera en que éste es divulgado por los periodistas (…) la falta de cultura científica entre los periodistas [entre los periodistas estadounidenses de diarios pequeños] ha contribuido a que la superstición se haya impuesto sobre la información científica y a que la ciencia esté cada día más desacreditada”, según palabras de John C. Burnham en un estudio de 1988 (23).

“Hay ocasiones en las que el periodista que habla de ciencia no es un periodista especializado: las noticias de ciencia de los diarios aparecen hoy, habitualmente, en la sección de sociedad y los responsables de los medios consideran que, al ser ésta una sección generalista, su información está mejor redactada por un periodista no especializado”, según Elías (24).

Y continúa: “resulta inaceptable que, en una sociedad tecnológicamente avanzada, las informaciones estén paralizadas o manipuladas por los expertos, y que no existan periodistas especializados capaces de divulgar, interpretar o descubrir los porqués de los hechos noticiosos que suceden en la realidad cotidiana, cuyas causas o consecuencias tienen que ver con aspectos científicos”.

El número de publicaciones científicas ha aumentado considerablemente: en 1900 se publicaron unos 9.000 artículos, y en 2000, unos 900.000 (25), sin embargo, el número de noticias científicas publicadas no ha crecido al mismo ritmo.

En ciencia, los avances sólidos se realizan ‘poco a poco’; lo espectacular no es lo frecuente, pero también los pequeños pasos se pueden comunicar de forma atractiva.

Según Vladimir de Semir, Comisionado de Cultura Científica del Instituto de Cultura de Barcelona y Director del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, “en nuestra sociedad prevalecen los criterios de la fuerza económica y política sobre los del conocimiento, a la hora de impedir la evolución del espíritu crítico de la sociedad (…) ‘la democracia es necesaria, pero no suficiente’ son palabras del filósofo Bertrand Russell. Nuestra democracia estará incompleta si no se desarrolla el espíritu crítico, para lo que es imprescindible la cultura, una única cultura en la que, naturalmente, se han de incluir las ciencias” (26).

La solución a este problema de los periodistas pasa por la incorporación de la ciencia a las formaciones humanísticas. Pero, del mismo modo, debería incorporarse una cultura humanística y de comunicación a la formación científica. De este modo, aumentaría la compresión entre ambos colectivos y se favorecería la difusión correcta de la ciencia.

El discurso de divulgación quizá sea la única conexión real entre el lenguaje científico y el periodístico. Si ambos grupos de profesionales aprendiesen ese discurso, el flujo entre ellos se facilitaría (27).

Otro problema resulta de la falta de formación lingüística, en español, entre algunos científicos y del desconocimiento del inglés entre algunos periodistas: los textos aparecen con exceso de anglicismos científicos. Esto supone un problema para la divulgación de la ciencia en los medios, que no los traducen, y para los editores de revistas científicas en español que tienen una tarea más que añadir a su ya extenso programa cotidiano.

El conocimiento y el uso adecuado del español y del inglés es imprescindible para una adecuada comunicación en ciencia.

En cuanto al correcto uso del castellano, existen ya iniciativas, como la de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) en cuyo patronato están presentes la Real Academia Española, la Agencia Efe, el BBVA, la Fundación San Millán, el Instituto Cervantes y el periodista Luis Ángel de la Viuda. Su revista Donde dice…, que ya va por el número 6, está procurando hacer accesible ‘el buen uso del castellano’ a las empresas, privadas o públicas, y a las Comunidades Autónomas (CC AA) que lo deseen. Existe un proyecto en marcha de colaboración con las Consejerías de Educación de las CC AA para la divulgación del correcto uso del lenguaje entre los alumnos de segundo ciclo de ESO y de bachillerato. La Fundéu está también trabajando en másteres para futuros directivos y preparando un diccionario ideológico, dirigido a periodistas, que se repartirá en la Expo-2008 de Zaragoza, sobre Agua y sostenibilidad. Donde dice… está accesible a todos desde este verano en Internet, en formato pdf (28). Esta fundación dispone de un servicio telefónico gratuito e inmediato de consulta de dudas. La Real Academia Española proporciona también un servicio gratuito y muy ágil de consulta de dudas lingüísticas a través de su web (29).

Referencias en el texto

(22) Sistema de noticias I+D+I madri+d.

http://www.madrimasd.org/informacionIDI/noticias/noticia.asp?id=27627

(23) Burnham, John C. 1988. How Superstition won and Science lost: Popularizing science and health un the United Status. Rutgers University Press: p. 196.

(24) Elías, Carlos. 2002. Periodistas especializados en ciencia: formación, reconocimiento e influencia. Mediatika 8: 389-403.Eusko Ikaskuntz.

(25) Hawking, Stephen. 2002. El universo en una cáscara de nuez. Crítica. Barcelona: p. 158.

(26) Semir, Vladimir de. 2006. Comunicació, medi ambient i model de societat. Portal de la Comunicació, 2001-2006. Institut de la Comunicació (InCom), Universitat Autónoma de Barcelona, junio 2006. Monogràfics del Portal, junio 2006.

http://www.portalcomunicacion.com/cat/dest_ma_1.html

(27) Elías, Carlos. 2002. Ampliación del modelo comunicacional de Jakobson como fórmula para acercar el mensaje experto al periodístico: la figura del emisor secundario. Comunicación y Sociedad XV(2): 29-54. Universidad de Pamplona. Pamplona, Navarra.

(28) Fundación del Español Urgente (Fundéu). http://www.fundeu.es/

(29) Real Academia Española. http://www.rae.es/

Este artículo es parte del trabajo Análisis del entorno de los gabinetes de comunicación de los Organismos Públicos de Investigación españoles. El caso del Instituto Español de Oceanografía, que se puede leer en su totalidad en:

http://biblioteca.unirioja.es/dialnet/505653.pdf.

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