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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 10 de enero del 2011

LOS GOZNES DE LA PUERTA GIRATORIA

Casán amaba tanto la lengua que se convertía en Cyrano para que cualquier texto brillara.


En la tele echaban Gran Hotel y yo, que era un crío, quedé hipnotizado por la puerta giratoria que cruzaba Greta Garbo. Como desconocía tal ingenio, mi ignorancia me llevó a afirmar que en Barcelona no había ninguna. Mi abuelo, paciente y didáctico, me refirió la de la sede de La Vanguardia, en el centro de Barcelona. Un día que pasamos por delante me hizo empujarla y di una vuelta completa. Al cabo de los años, empecé a cruzar a diario aquella puerta para ir a trabajar de corrector de estilo.

Mi primer día, el políglota Nico Pérez me presentó a Josep Casán Herrera: «Ven, que conocerás al señor Casán, nuestro referente». Aunque jubilado, el veterano periodista, de formas elegantes, conocimiento infinito y poderoso vozarrón, sabía latín y colaboraba traduciendo artículos del inglés, del francés, del italiano, incluso del alemán. Cuando Nico y yo, una vez consultados todos los diccionarios y las enciclopedias, no sabíamos cómo resolver una duda, sólo nos quedaba ir a visitar al santcristo gros, así lo llamábamos. Ipso facto nos daba la solución y la explicación enciclopédica, acompañadas siempre de una cariñosa sonrisa.

Bregado en todos los campos de batalla de la redacción desde los tiempos en que las crónicas llegaban en morse, en su faceta de editor de estilo amaba tanto la lengua que se convertía en Cyrano para que cualquier texto ajeno brillara. La modestia, la pasión por la palabra y el gusto por las cosas bien hechas son tres de las características que definían a ese gentleman fallecido el día de Reyes.

Horacio Sáenz Guerrero, director del rotativo en los años setenta, describió la labor de Casán en un magnífico artículo con motivo del homenaje british que los compañeros le tributamos por su medio siglo de profesión: «Honor a un Cyrano del periodismo», 20/VI/1989 (LaVanguardia. es/hemeroteca). La metáfora de Cyrano era el mejor elogio que se podía hacer del maestro. Compilador de las dudas y los errores más frecuentes, los glosó en el primer libro de redacción de La Vanguardia (1986). En una conversación reciente, José Manuel Blecua, flamante director de la RAE y coautor de aquel manual de estilo, recordaba la infinidad de notas que Casán atesoraba.

Para que Greta Garbo cruzara deslumbrante el vestíbulo del Gran Hotel, había detrás un ejército de Cyranos: maquillaje, iluminación, cámara, extras…, incluso el que engrasaba los goznes de la puerta giratoria.

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