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| El Comercio, Perú
Martes, 10 de marzo del 2009

LENGUAJE DE LOS JÓVENES MARCA UNA DISTANCIA GENERACIONAL

Qué floro eres…


Te levantas y conversas de una manera con tus «viejos» mientras «jameas» algo en el desayuno. Luego «chapas tu caña», tu micro (o «lateas») y te vas a la «U», donde hablas con un código propio. Si llegas «tarzán», es una «palta»; si llegas a tiempo, la hiciste linda.

Después te pasas a la chamba y tu lenguaje cambia: se vuelve un poco más formal. Por último, regresas a tu casa, entras al Messenger y chateas con personas que conoces de distintos lugares y hablas con cada una utilizando distintas formas: «tko» (tampoco), «tb» (también), «xvre» (chévere).

Ese es, más o menos, el día a día de muchos jóvenes. La cosa es simple: uno tiene una forma de hablar distinta para cada ámbito social en el que se encuentra.

DIFERENCIACIÓN

¿Qué busca un joven al hablar de una u otra manera? Según el lingüista y lexicógrafo Agustín Panizo, busca cohesión y exclusión. «En un grupo determinado, hablan de manera que se entiendan para sentir que pertenecen a un mismo grupo, y crean así una barrera lingüística que excluye a los demás».

Por ejemplo, en el mundo de los surfers se escuchan palabras como «point», «malloy» o «crowdzaso», que quizá no las comprendan del todo quienes solo realizan actividades intelectuales. Y quizá tampoco entiendan jergas como «no corre», «saca bien» o «no pone», provenientes —según Panizo— del círculo social de quienes consumen drogas.

Esta necesidad de diferenciarse del resto se encuentra más arraigada en los jóvenes. José Luis Gargurevich, sociólogo y administrador del blog Choledad Privada, afirma: «Para los jóvenes, la jerga se convierte en una manera de construir su identidad y distinguirse de los adultos».

Y teniendo en cuenta que pertenecen a varios círculos sociales, consiguen sumergirse en distintos espacios, siendo más versátiles. «Al tener más contacto con la calle, captan más rápido las jergas de distintos ámbitos sociales. Incluso a veces adoptan palabras de los adultos, como chévere, aunque eso ya es por una onda retro», explica Panizo.

DE DÓNDE PROVIENEN

Julio Hevia —psicólogo, psicoanalista y autor del libro «¡Habla, jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana» (2008)— señala que en la actualidad no existen sectores sociales específicos que aporten más jergas que otros. «Hoy por hoy las jergas invaden distintos ámbitos, ya que se ha relajado la diferencia entre generaciones. La cultura de los medios masivos también ha propiciado esto».

Por otro lado, existen diversas formas de producir jergas. Entre las que menciona Hevia se encuentran: las técnicas de inversión («telo» para referirse a hotel, por ejemplo), apócope («pela» en vez de película), analogía («melones» en lugar de senos), cambiar palabras por nombres de personas conocidas («solano» o «solís1K por solo), entre otros.

Según él, es un mito eso de que los jóvenes producen mayor cantidad de jergas. Lo que sí sucede es que «existen jergas que hacen que el adulto se adapte un poco a ciertos usos que no le corresponden generacionalmente, como el "ya fue", por ejemplo. El uso de la jerga (por ser lúdica y creativa) rejuvenece a las personas de distintas edades».

Pero sea bien o mal visto, lo cierto es que las jergas (expresiones, frases, palabras) son parte de nuestro día a día. Han existido desde siempre, han sufrido cambios y están en constante evolución. Por ahora, aunque muchos no nos entiendan, así hablamos los jóvenes.

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