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| Alí Medina Machado
El Tiempo, Venezuela
Miércoles, 2 de agosto del 2006

LENGUA Y LENGUAS; IDIOMA E IDIOMAS

Que hay más de cuatro mil lenguas en el planeta, nos cuentan. ¡Cómo habla la gente! Pues, de 4.000 maneras distintas como vemos. Pero, eso no es todo: hay también más de 4.000 dialectos, es decir, las lenguas regionales o locales.


Llegamos a entonces a 8.000 maneras, por lo que dudamos que pueda haber una sola visión del mundo y de sus cosas, porque nada hay más sobre la faz de la tierra que idiomas, códigos, lenguas, dialectos para hablar de lo humano y lo divino.

Siempre buscó el hombre hablar consigo y con los demás. ¡Aaaah! dice el niño cuando nomás nace, y pronto abre la boquita para decir mamá… Y de ahí en adelante nadie lo para hasta la muerte… hablar, qué fácil es y qué peligroso.

El hombre buscó hablar e inventó el lenguaje. Al principio se le dio un origen divino. Y en la evolución del mundo ¿qué es lo que no ha tenido un origen divino?… Unos por allá, en los pueblos de la antigüedad inventaron los mitos y las leyendas. Y ya está, el origen del lenguaje se basa en mitos y leyendas. Entre Dios y la magia fueron dando definición a las cuestiones primarias que acompañaron la vida del hombre sobre la tierra, y el lenguaje rudimentario con que se entablaron las primeras comunicaciones no pudo ser la excepción. Dios dijo: ¡Hágase el lenguaje! y comenzaron a aparecer las palabras. Dios dijo ¡que hablen las criaturas humanas! Y aquel mismo día surgió una de las primeras palabras universales: la verborrea. Tal es el origen divino de lenguaje.

Que si el hebreo o el sánscrito, no se sabe, pero uno de ellos u otro, porque pudo ser otro el primero, se dio por una acción divina. ¡Vaya usted a creer! Cuentan las escrituras que la lengua original fue un don divino, que rápidamente se convirtió en una pluralidad abigarrada de lenguas, porque cada pueblo quiso tener la suya, y a todos Dios les puso la lengua en la boca para que hablaran sin callar… Y así fue como llegamos a la famosa Torre de Babel dejada por la tradición judeo-cristiana con génesis y todo (Génesis, 11: 5-9) (no observa usted que es una similitud con, por ejemplo e-mail [email protected], que son las siglas de… o http://www.adm.ula.ve/cp; o en el lenguaje de los libros ISBN-870-09-0855-9)… Es que el mundo es de siglas desde su principio. Pero bueno, a lo que vamos: llegó un momento en que aquella torre estaba tan llena y congestionada de frases que no se entendían para nada, por lo que Dios estornudó fuerte y la desplomó, saliendo los idiomas allí estacionados a regarse horizontalmente por el mundo hasta nuestros días cuando los hallamos a la vuelta de la primera frontera que encontramos.

Pero, desde más allá de este hemisferio, por los lados de la India y de la China, hay otra explicación mítico-religiosa que da origen al lenguaje: el mismo Dios pero con otra denominación; la ira de quien está por encima de los hombres fue la causa de la diversidad lingüística. ¿Cómo así? Pues sí, también aventó de un empujón a los que estaba hablando tanto sin entenderse ni acordarse, y los desparramó por los confines de la tierra en los diversos continentes del mundo conocido tantos años antes de quien te conté…

Lo cierto es que en el mundo ha habido, hay y habrá lenguas por montones y lingüístas para escoger, de acuerdo a nuestros pareceres en el mundo de la gramática. Aquella lejana unidad de los primeros tiempos, se fue masificando y complicándose cada vez más. Y si la políglota Torre de Babel, que casi llegó a tocar el cielo por su infinita verticalidad, no pudo contener a tantos y tantos idiomas que se metieron en sus aposentos, y llegó el momento en que explotó y se desmoronó, cuánto más en estos tiempos modernos de idiomas sobre idiomas; de lenguas sobre lenguas, que no encuentran qué hacer con sus problemas, con los ingresos y egresos, con la contabilidad de los nuevos vocablos y de los que ya no sirven; con el permanente cambio en sus leyes y disposiciones, con la avasallante penetración del imperio de la telemática y otros neologismos que le han caído como una epidemia; de esa inmensa pluralidad de lenguas que luchan por imponerse unas a las otras, por la insalvable contaminación que sufren todas sin excepción, y por los deseos de muchos, algunos de ellos no tan lerdos en la materia, que vienen proponiéndole a la señora gramática que vaya jubilando a algunos de sus empleados, como el caso de la ortografía, a la que recientemente faltaran el respeto cuando la calificaron de inútil y estorbosa.

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