Noticias del español

| Álex Grigelmo (El País.com, España)

Las vocales repetidas insultan menos

«Macarra», «tarambana», «mequetrefe», «pelele»..., de un lado; «nazi» o «totalitario» del otro.

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El genio del idioma español previó el insulto, qué remedio. Pero ideó un truco para rebajarlo: la repetición de una misma vocal en una misma palabra. Creaba así adjetivos que más describen que descalifican. O sea, el mal menor. Se trata de ofensas que vienen del idioma, frente a los venablos que salen de la historia. Muchos insultos que alumbró la lengua se camuflan con un ropaje simpático, como «tarambana», y logran un efecto sonoro que parece más un juego que un juicio. Entre los que proceden de la historia, tenemos «nazi», «franquista», «estalinista»… Todos tremendos.

Decimos «tarambana» y pronunciamos, en efecto, cuatro veces la misma vocal para referirnos a una persona de poco criterio. La reiteración de la letra a parece muy productiva. Al hombre rudo y tosco se le llama «ganapán». «Mangarrán» (perezoso) se emplea en el norte, y «charlatán» por todas partes. A un estúpido le dicen «soplagaitas». Y al informal, «cantamañanas». Y para el achulado y de mal gusto se usa «macarra». Al que rehúye el trabajo lo tachan de «haragán»; y a quien se enoja con facilidad, de «cascarrabias». La persona simple y crédula puede ser un «papanatas»; y el sinvergüenza y frescales, un «bandarra».

Entre los bisílabos, al retrógrado se le tilda de «carca»; y el que no da ni una saldrá incluso bien librado si alguien lo define como un «manta». La reiteración de la a aparece igualmente en «gañán» o en «patán», en ambos casos personas zafias: y también en «mandria»: un inútil.

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