Noticias del español

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| Juan Recaredo
elsiglodedurango.com.mx, México
Viernes, 3 de agosto del 2007

LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA: ¿QUÉ ONDA, GÜE…?

Un día estaba yo en casa de un amigo, suena el teléfono y se me ocurre levantar el aparato para contestar y al mismo tiempo, el hijo de mi amigo, entonces de 17 años, levanta la extensión.


Escucho un extraño diálogo que era más o menos así:

¿Qué onda güe…?

No, pos ni maiz güe…

¿Fuiste, güey?

Sí, pero pos, ni maiz cabn.

¿Y la chava?

No pos la chava cañón pero pos yo dije, le dije ¡es que no es onda güey!

Discretamente colgué el teléfono para no interrumpir tan diáfana conversación.

Veinte minutos después seguía yo ahí y necesitaba hacer una llamada. Levanté el teléfono y el diálogo ahí estaba todavía… N’ombre, pos qué onda cannn… Lo más extraño del caso es que ambos especímenes parecían entenderse a la perfección. De todas maneras me preocupó que el lenguaje esté llegando a ser eso.

Tenemos un idioma maravilloso. Nuestro español. No el español de España. Tampoco es castellano aunque ése sea su nombre oficial y así se haya institucionalizado. Es nuestro español, el español de México con su léxico propio, con su historia y su personalidad tan diferentes.

Nosotros tenemos nuestras herencias maya y náhuatl, sólo nosotros sabemos cantarle su nombre al Iztaccíhuatl y no llamarle fríamente mujer blanca que no es mujer dormida sino blanca. Que después de tanto estar ahí se haya quedado dormida eso a cualquiera le pasa. Hasta en las mejores familias.

Sólo nosotros, los mexicanos podemos decirle xóchitl a una flor y citlali a una estrella con nuestro idioma musical que es una maravilla. Y esa lengua mexicana, con sus cantos y tonadas tan nuestras, es lo que nos permite armar nuestros propios conceptos, expresar nuestras propias ideas, decir frases, sentenciar nuestros refranes y jalar el hilito de nuestros pensamientos para hacerlos que salgan y se muestren dulces o amargos, tiernos o ásperos pero que son destellos de lo que sucede allá dentro del alma.

Ése es el privilegio que nosotros tenemos y nos lo da ese hermoso recurso de la comunicación que es el lenguaje. Por eso duele tanto, tanto maltrato que le damos al idioma cuando decimos haiga o demen, a dónde fuistessss. ¿Qué onda güe…! Te esperé pero pos no llegastes, no llegó nadien y cuando andábanos cortando rábanos íbanos y veníanos o nomás mirábanos.

¿Qué nos pasa, por Dios? Pregunto abiertamente. ¿Qué nos está pasando Laureano? ¿Por qué hablamos con tantas deficiencias? ¿Por qué hacer tan pobre uso y abusar tanto del lenguaje que no nos ha hecho nada malo sino por el contrario nos da la posibilidad de algo que parecería imposible como definir un atardecer o para cantar Las mañanitas al pie de la ventana de la mujer amada.

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