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Las joyas bibliográficas de España, desde el siglo XIX hasta internet

Las tesis que leyeron en la Universidad Complutense Santiago Ramón y Cajal y Gregorio Marañón o el códice de la Edad Media Comentarios al Apocalipsis (año 776), del Beato de Liébana, forman parte de los 70 documentos que España aporta a «Science and machines» (Ciencia y máquinas), una exposición virtual de la Biblioteca Europea sobre ciencia y tecnología desde 1800.

La exposición (www.theeuropeanlibrary.org/tel4/virtual/science), de ‘entrada’ gratuita, contiene documentos en veinte lenguas, procedentes de los tesoros que guardan en España la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de la Complutense, y centros similares de otros dieciséis países europeos.

La Biblioteca de la Complutense ha contribuido con 35 documentos y la Biblioteca Nacional lo ha hecho con un número similar de obras, entre libros, grabados, fotografías, publicaciones periódicas o partituras.

Al presentar el contenido de esta nueva exposición, la Biblioteca virtual europea (The European Library) dice que los siglos XIX y XX fueron una época de «rápido progreso» en la que «no parecía tener límites» el potencial de la ciencia y la tecnología para mejorar todos los aspectos de la vida cotidiana.

Para ilustrar el desarrollo de esta época, la exposición documenta los inventos, las investigaciones o los progresos hechos en los ferrocarriles, la luz eléctrica, la cartografía, los rayos X, la aviación, el automóvil, la geología, la antropología, la anatomía y otras ciencias.

Así es como han llegado hasta los anaqueles virtuales de la Biblioteca las tesis que Ramón y Cajal y Marañón llevaron a la Complutense para obtener sus doctorados, Patogenia de la inflamación, en 1877, y “La sangre en los estados tiroideos”, en 1911, respectivamente.

También se puede ver la Constitución política de la monarquía española, promulgada en Cádiz el 19 de Marzo de 1812, o el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, impreso en Madrid en 1846 por Pascual Madoz (1806-1870).

Otro documento español aportado a The European Library es el Álbum de la flora médico-farmacéutica e industrial, indígena y exótica, una «colección de láminas iluminadas de las plantas de aplicación en la medicina, farmacia, industria y artes», obra de Vicente Martín de Argenta (1829-1896).

La biblioteca histórica incluye otra obra única, la obra Flora Peruviana, et Chilensis, sive Descriptiones, et icones plantarum Peruvianarum, et Chilensium, de Hipólito Ruiz y José Pavón, impreso en Madrid por Gabriel de Sancha.

Ruiz y Pavón, con el patrocinio de los reyes de España Carlos III y Carlos IV, iniciaron en 1777 una expedición que les llevó durante más de una década por tierras de Perú y de Chile, un viaje que generó esta obra con 758 descripciones de especies vegetales, 598 de ellas acompañadas de dibujos.

La Flora Peruviana, dice la Universidad Complutense, supuso «el hito científico más importante y significativo» del esfuerzo explorador de Iberoamérica por parte de España.

La Biblioteca Nacional de España ha aportado obras como el Plano de la Cyudad y Bahya de Cartagena de las Yndias, manuscrito, dibujado y coloreado a mano en pluma y tinta en 1735 por Antonio de Ulloa (1716-1795) con base en un mapa de 1721 de Juan de Herrera.

También está el Islario general de todas las islas del mundo, considerada la obra más importante del cosmógrafo sevillano Alonso de Santa Cruz (1505-1567), o la obra Arte de reloxes de ruedas para torre, sala, y faltriquera, escrita en 1759 por el religioso franciscano Manuel del Río «para que todos los ingeniosos puedan ser perfectos reloxeros sin tener maestro».

De la Biblioteca Nacional también procede el códice manuscrito iluminado de las Siete partidas, el mayor y más difundido ordenamiento jurídico español, «que influyó en el Derecho de algunas de sus antiguas colonias», o una copia del Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina, una edición ilustrada por el pintor sevillano Cromberger alrededor de 1518-1520.

Se trata de la tercera de una serie de ediciones que realizó y la única que el impresor tituló de esta manera en lugar del clásico Tragicomedia de Calisto y Melibea.

Estas y otras obras españolas, además de las aportadas por otros países, son la selección disponible en la Biblioteca Europea, aprovechando una tecnología impensable hace sólo unos lustros y que permite tener delante de los ojos los libros de otro tiempo en cualquier ordenador y en cualquier lugar del mundo.

Agencia Efe

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