Noticias del español

| |

| Alexis Márquez Rodríguez
Jueves, 18 de noviembre del 2010

LA PALABRA: ORTOGRAFÍA

Es absurdo el revuelo causado por el adelanto de algunos de los cambios en la nueva edición de las normas de ortografía castellana. Periódicamente la Real Academia Española edita un libro con las normas ortográficas. Siempre, al hacerlo, se incluyen algunos cambios, generalmente inspirados en el uso que en la realidad los hispanohablantes hacemos de nuestro idioma.


Esta vez ha sido igual. En diciembre saldrá la nueva edición de las normas, y se ha adelantado la información sobre algunos de los cambios que presenta. Hay que esperarlo para comentar las novedades que realmente traiga. Comentar las presuntas reformas, y sobre todo manifestar desacuerdo y hasta indignación, por algunas de ellas es, por lo menos, irresponsable, pues hasta tanto salga el libro no se sabrá suficientemente lo que traerá la nueva edición de las normas.

Los cambios adelantados son pocos y en cierto modo insignificantes. No es una reforma de la ortografía. La reforma supone un cambio sustancial en el sistema ortográfico. Y los cambios en la nueva edición de las normas están lejos de serlo.

Entre los cambios se dice que está que la letra conocida como «y griega» pasa a llamarse «ye». No es exactamente así. No se trata de un simple cambio de nombre. Hasta ahora, el signo gráfico «y» ha representado dos fonemas, el sonido «ye», consonante, y el sonido «y», vocal, al que se le ha llamado «y griega» para diferenciarlo del de la llamada «i latina». Ahora se suprime esa doble representación, y el signo «y», llamado «ye», pasa a representar un solo sonido. Lo que no está claro es qué ocurrirá, una vez aprobada la reforma, con la conjunción «y», que, por supuesto, no podrá llamarse «ye».

Otro cambio es que se suprime el uso impropio de la letra «q», seguida o no de «u», para representar el sonido de la «k», como en «Qatar» y en «quórum», que ahora pasan a escribirse «Catar» y «cuórum». Es un cambio lógico y apropiado, para castellanizar dos vocablos, uno de origen árabe y otro de procedencia latina, que violentaban la ortografía castellana.

Esta vez se suprimen definitivamente los dígrafos «ch» y «ll» como letras del alfabeto, aunque seguirán existiendo como signos gráficos representativos de sus respectivos sonidos. La razón es que las letras son signos individuales, y los dígrafos lo son compuestos o dobles. Esta eliminación no tiene nada que ver con los sonidos de que se trata, de modo que, aunque la «ch» y la «ll» no sean más letras del alfabeto se podrá seguir diciendo y escribiendo «chamaco», «rochela», «chillido», «chocho», «cachucha», «callar», «calle», «allí», «llorar» y «lluvia». La ortografía, como su nombre lo indica, pertenece en lo esencial al lenguaje escrito, a lo gráfico, no al lenguaje oral o de los sonidos, salvo en casos excepcionales.

Uno de las reformas que más resistencia han provocado, y provocarán, es el cambio de nombre de la letra «v», tradicionalmente conocida como «v de vaca», «v pequeña» o «v labidental». No en todas partes se aceptará que esa letra pase a llamarse «uve», como en algunas partes de España y en algunos otros países hispanohablantes, lo mismo que «dobleuve» a lo que siempre hemos llamado «doble v». Tal reforma, en todo caso, me parece totalmente ociosa e innecesaria.

Insisto en que es necesario esperar que salga el libro, a mediados de diciembre, para poder opinar con la suficiente amplitud y propiedad. Entonces será posible, además de lícito, respaldar las reformas que se estime convenientes, y rechazar las que nos parezcan inútiles, innecesarias o impertinentes.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: