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| Alexis Márquez Rodríguez (Venezuela)
Domingo, 1 de febrero de 2009

LA PALABRA: CORDURA

cordura


«Cordura» es la virtud de los que no son o no están locos, de los que están en su sano juicio y en ejercicio de sus atributos intelectuales. El DRAE define la «cordura» como «1. f. Prudencia, buen seso, juicio. Y del «cuerdo» dice: «1. adj. Que está en su juicio. U. t. c. s. 2. adj. Prudente, que reflexiona antes de determinar. U. t. c. s».

El Diccionario de uso del español de América y España amplía un poco estas definiciones. De «cordura» dice que es «1. Estado psíquico de la persona que tiene la mente sana y no padece ningún trastorno o enfermedad mental: Lo internaron en el hospital para que recuperara la cordura. ANT. Locura». Y del adjetivo «cuerdo» precisa: «1 [persona] Que tiene la mente sana y no padece ningún trastorno o enfermedad mental: El forense diagnosticó que el asesino estaba cuerdo y no sufría trastornos mentales al cometer el crimen. ANT. Loco. 2.[persona] Que tiene buen juicio y se comporta de manera prudente, reflexiva y responsable: El sector más cuerdo del público protestó por el fraude en el que se contó con ellos sin quererlo. ANT. Loco».

Hay, pues, que distinguir entre la falta de cordura patológica, y la falta de cordura moral o intelectual. En el primer caso se trata de una enfermedad, que aunque se manifiesta de diversos modos, a los que la padecen suele llamárseles «locos» de manera general. Lo mismo ocurre en el segundo caso, en que suele llamarse «loco» —o «loquito», y hasta «mi loco», tratando de atenuar la calificación— a quienes actúan de manera impetuosa, irracional o insensata, sin que ello tipifique un caso de insania mental. Desde luego, puede darse, y se da con cierta frecuencia, el caso mixto, en que el individuo padece los dos males: el patológico porque, en verdad, sufre un trastorno psíquico, y el moral o intelectual por su modo de ser intemperante, irracional, insensato, de manera, por ejemplo, de tomar las decisiones más graves y delicadas sin razonar previamente y por tanto sin medir las consecuencias.

A veces la falta de cordura no va más allá de que quien la padezca haga el ridículo o cause risa, incluso benévola, en los que las perciben. Pero hay otras en que se traduce en graves daños a los demás o a las instituciones desde las cuales se actúa.

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