Noticias del español

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| Lucila Castro
Lanacion.com (Argentina)
Lunes, 25 de agosto del 2008

LA MUJER ESTÁ EN TODAS PARTES, HASTA EN EL DICCIONARIO

«En el diario del día 19, en la página 14, se informa de la muerte de "una mujer bombero". No sabía que había mujeres bomberos, pero ¿se llaman así o habrá que decir "bomberas"?», pregunta María C. L. de Palomar.


Se llaman bomberas. Esta palabra figura en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) con dos terminaciones: bombero y bombera (la forma femenina se incorporó en la última edición, del 2001). Pero, aunque no estuviera en el DRAE, si tuviéramos que referirnos a una mujer que realiza esa actividad, deberíamos usar la forma femenina. La forma bombera es el femenino regular de bombero. Los sustantivos en -ero no son epicenos. El sufijo -ero (y su variante culta -ario) es de dos terminaciones: peluquero y peluquera, secretario y secretaria. Así que no debemos vacilar en usar la forma femenina en -a para referirnos a mujeres. Es posible que la palabra que necesitemos usar todavía no esté en los diccionarios, si se trata de una actividad a la que las mujeres se han incorporado recientemente y hay muy pocas que la ejercen, pero si usamos la forma en -era podemos tener la seguridad de que está correctamente construida.

Una palabra molesta

Desde Victoria, Entre Ríos, Jorge Felipe Reggiardo pide un comentario que es innecesario, pues comparto totalmente su fastidio. Escribe:

«Con mayor frecuencia lo oigo en la radio, pero también lo he visto en crónicas escritas, y para mi asombro en LA NACION. Me disgusta el uso desmedido e inexacto de arrancar . Todos los partidos y acciones humanas ahora «arrancan» en vez de comenzar, puesto en boca de muchos comentaristas deportivos y del inefable Tinelli, pero también de muchos otros periodistas, más ilustrados».

La capital de China

Escribe Osvaldo Pérez Sammartino:

«Recuerdo que hace un tiempo se refirió usted a la denominación correcta en castellano de la capital china, que no es Beijing, como se dice en inglés, sino el familiar Pekín que hemos usado siempre. Veo que LA NACION no incurre en ese error (tampoco el diario español El País, que cuida mucho estas cosas), pero la gran mayoría emplea Beijing, lo que provoca en muchas personas (lo he comprobado) la idea de que se trata de dos ciudades distintas. Ahora, con las Olimpíadas pequinesas (¿cuál sería el gentilicio de Beijing?), sería útil que en su columna reiterara las razones por las cuales debemos mantener la denominación tradicional».

La forma Beijing no es inglesa (aunque los angohablantes la han adoptado), sino china. En realidad, no es otro nombre, sino otra grafía. Es la grafía que usan actualmente los chinos para transcribir su lengua en caracteres latinos (el sistema llamado «pinyin»). Como el diario no se escribe en chino, sino en español, debemos usar la grafía española. Lo gracioso es que la pronunciación de ese nombre en chino se parece más a la que damos en español a Pekín que la que dan algunos hablantes a Beijing como si fuera una palabra inglesa. En cuanto al gentilicio de Beijing, en español no existe, pues ese nombre no pertenece a nuestra lengua. Los de Pekín siguen siendo pequineses.

Este tema ha sido desarrollado extensamente en las columnas «¿Acaso estamos escribiendo un diario en chino?» (del 27-11-06) y «Nadie cría perritos "beijingueses"» (del 18-12-06), que pueden encontrarse en el archivo electrónico mediante el buscador avanzado.

Grande y con tilde

Escribe Marta Julia Lonati, maestra jubilada:

«Con los años, han ido cambiando reglas ortográficas (pecado estudiarlas), concordancias y creo que hasta formas verbales. Mi pregunta es la siguiente: ¿las mayúsculas llevan tilde (acento escrito)? Yo aprendí que eso era lo correcto y así lo enseñé. ¿Cómo se debe escribir : Ángela o Angela, África o Africa? Y no me refiero solo a nombres propios».

En cualquier palabra, no solo en los nombres propios, las mayúsculas llevan tilde, cuando corresponde, igual que las minúsculas, tanto la inicial como una letra interior cuando todo está escrito con mayúsculas. En otro tiempo, las editoriales alegaban ciertas dificultades prácticas para no respetar la regla, que es antigua. Por ejemplo, como las líneas tenían un límite de altura, para poner la tilde había que reducir la altura de la letra, y decían que eso quedaba feo. O decían que no tenían la letra con tilde y había que agregar las tildes a mano, lo cual encarecía la producción del libro. Ahora, con las computadoras, ya no tienen excusas, y sin embargo muchas siguen cometiendo a sabiendas ese error, que a veces dificulta mucho la lectura.

Más sobre la muda

«Para completar su interesantísima nota sobre la letra h, su origen y posible destino, me gustaría saber por qué el español moderno sustituyó en muchos casos la f del español antiguo por la h muda», escribe desde Montevideo Elbio G. Nattino.

En realidad, no fue tal sustitución, por lo menos no directa, pues si se hubiera sustituido la f por una h muda, sería solo una sustitución ortográfica: fonéticamente, sería una pérdida de un sonido, que no hubiera tenido sentido representar gráficamente con una letra muda.

El cambio se produjo tempranamente, pues la confusión está documentada en algún texto latino del siglo IX (es decir, un siglo antes de los primeros documentos en romance conservados) y es posible que en el lenguaje oral ya viniera ocurriendo desde antes. Es una característica del castellano, más innovador que otros dialectos peninsulares. Consiste en el paso de la f- inicial ante vocal a una aspiración, que se representó con la h- y a veces siguió escribiéndose f-.

Después, la aspiración se perdió (en algunas regiones se conserva, más o menos marcada, como dialectalismo) y la h- quedó como letra muda. Por eso tenemos en el español actual palabras como hablar (del latín fabulari), hembra (del latín femina), hierro (del latín ferrum), hilo (del latín filum ), horma (del latín forma), hurto (del latín furtum). Pero cuando en castellano medieval esas palabras se escribían con f- , posiblemente ya se pronunciaran aspiradas. Esto lo sabemos porque a veces se produce la confusión inversa: palabras de otros orígenes que deberían haberse escrito con h- aparecen escritas con una f- inicial que nunca tuvieron. Por ejemplo, la preposición hasta, que es de origen árabe y nunca se pronunció con f-, aparece alguna vez escrita fasta.

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