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| Diario El Tiempo (Venezuela)
Lunes, 14 de Mayo del 2007.

¿LA MÉDICA O LA MÉDICO?

Jorge Linares Angulo - A menudo escuchamos decir o leemos: «Margarita es médico», «Mireya se graduó de ingeniero», «Laura es odontólogo», «Janeth es arquitecto», etc. Ocurre con frecuencia y es una de las irregularidades del uso del español: se cree que los nombres de las profesiones son masculinos solamente e incluso las mujeres mencionan su profesión atribuyéndole el género masculino.


Lo cierto, sin embargo, es que los nombres de los oficios y profesiones responden a los dos géneros (ello no es nuevo: las ediciones contemporáneas del DRAE siempre lo han señalado). No solamente se puede sino que se debe decir (refiriéndose a la mujer, claro está): médica, abogada, ingeniera, arquitecta, odontóloga, farmacéutica, bióloga, física, psicóloga, zoóloga, química, fisióloga, pedagoga, bibliotecaria, filósofa, técnica, consultora, ministra, jueza, música, senadora, procuradora, biógrafa, etc., etc.

Existen también —y son una minoría— los nombres comunes, atribuibles a ambos géneros. Son los, en su origen, terminados en «a»: psiquiatra, terapeuta, pediatra, fisiatra. Basta con anteponerles el artículo determinado «el» o «la» para designar el género: el psiquiatra, la psiquiatra. Otros como «conserje», «cónsul», igualmente declarados comunes, forman su género con el mismo artículo: el conserje, la conserje, el cónsul, la cónsul (aunque la Real Academia Española —RAE— también admite «consulesa»).

Hay particularidades —yo incluso diría rarezas— como el término «contralor», designado por la Real Academia sólo como masculino. El DRAE otorga a este vocablo tres significados, todos coincidentes en la indicación de la persona encargada de la supervisión y examen de los gastos oficiales (de las casas reales, algunas instituciones castrenses y entidades públicas). Digo rarezas porque en este caso la RAE —al confinar el término al género masculino— sólo admite que el cargo u oficio de contralor es ejercido por hombres y ello supone una incongruencia porque como se constata a diario la mujer ha asumido todos los roles profesionales en la sociedad. Habría que decir, según la fórmula de la RAE, por ejemplo, «Carmen Pérez es el contralor del estado» puesto que ni siquiera podría decirse es «la contralor». No hay duda de que el confinamiento masculino de este término es un verdadero arcaísmo porque la RAE define sus significados apoyada en razones históricas, todas superadas en este caso. Por tanto, con respaldo en la lógica del habla y la legitimidad del uso, el vocablo «contralor» puede emplearse tal como se emplean los nombres de las profesiones en general respecto de los géneros. A pesar de la RAE y su instrumento de campaña, el DRAE, es absolutamente correcto decir «Carmen Pérez es la contralora del Estado».

Tan es cierta la consagración de los dos géneros para los nombres de las profesiones que el DRAE hace la salvedad de que solamente las cuatro tradicionales (de abogado, médico, ingeniero y arquitecto) «morfológicamente pueden usar la forma masculina para designar el femenino». Es decir, consagra ambos géneros para estas cuatro profesiones, pero concede que la forma masculina puede designar el femenino, lo cual es una estupidez sólo explicable porque se trata de las cuatro profesiones liberales que en el pasado sólo fueron ejercidas por hombres. Y es también un rasgo de la inercia conservadora de la Academia que, amén de contradictorio, introduce una perniciosa inseguridad en los hablantes.

Nada hoy en día autoriza el empleo exclusivo del masculino para nombrar las profesiones y oficios. Decir que «Migdalia Suárez es médico» o abogado, ingeniero, odontólogo, etc. es intrínsecamente incorrecto y secuela de una larga tradición sexista afectada de impropiedad semántica, completamente desautorizada por la realidad. Perogrullo tiene la palabra: basta ya de una discriminación pueril; las mujeres no sólo han alcanzado plenitud de derechos sino que han abordado todas las profesiones con una solvencia irrefutable. Mujeres que me leen: reivindiquen en el lenguaje su género y no se dejen intimidar por el prejuicio de la costumbre.

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