Noticias del español

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| Lucila Castro
Lanacion.com (Argentina)
Lunes, 11 de febrero del 2008

LA MAYÚSCULA NO ES UN JUICIO DE VALOR

«En el Diálogo del 28 de enero, se sostiene que en español, los nombres de los días y de los meses se escriben con minúscula. ¿Sería correcto entonces escribir con minúscula Viernes Santo o 25 de Mayo?», pregunta Osvaldo M. Helman.


Cualquier sustantivo común, cuando es parte de un nombre propio, se escribe con inicial mayúscula. Escribimos Facultad de Filosofía y Letras o Ministerio de Educación con iniciales mayúsculas porque esos son nombre propios de instituciones, aunque los sustantivos que los forman son sustantivos comunes que normalmente se escriben con minúscula. Lo mismo hacemos con los adjetivos que forman parte de nombres propios, por ejemplo Real Academia Española, aunque los adjetivos normalmente se escriben con minúscula. Viernes Santo es el nombre de una festividad y por eso se escriben con iniciales mayúsculas las dos palabras que lo forman, no solo el sustantivo, sino también el adjetivo. En 25 de Mayo, Mayo se escribe con mayúscula cuando es el nombre del hecho histórico o de la fiesta que lo conmemora, pero si se trata de la fecha, aunque sea la fecha de ese hecho histórico, debe escribirse con inicial minúscula. Por ejemplo, se escribe: «El 25 de mayo la escuela estuvo cerrada y por eso festejamos el 25 de Mayo un día antes»; «El 25 de mayo de 1810 se instaló el primer gobierno patrio».

Estas no son mayúsculas de respeto, sino que responden a reglas puramente formales. Los nombres de los hechos históricos más terribles y de las organizaciones más nefastas, como Holocausto o Triple A, también deben escribirse con iniciales mayúsculas. El uso de las mayúsculas no es un juicio de valor y no tiene nada que ver con las buenas o malas cualidades de los objetos designados.

Otra vez los números

Escribe Félix J. Garrigós:

«El viernes 25 de enero se publicó una noticia que, no sé si por afán sensacionalista o por simple torpeza, lleva un título equivocado: "Más de 400 desnutridos en Córdoba". El comienzo del texto concuerda con el título: "Más de 400 niños de hasta 6 años padecen cuadros de desnutrición en La Calera ". Pero al avanzar en la lectura, se ve que la situación es diferente. Según declara el director del hospital, los niños en cuestión son "alrededor de", no "más de", 400, pero "un 80 % de esa cifra corresponde a casos de criaturas con bajo peso, un 20 % con desnutrición de grado uno y un dos por ciento con desnutrición moderada". Esto también está mal expresado, porque suma un 102 %. Posiblemente el médico haya querido decir que el 80 % de los niños (es decir, unos 320) tienen peso bajo, y el 20 % restante (unos 80), desnutrición, y de estos, la mayoría (unos 72), desnutrición leve, y el 2 % (8 niños), desnutrición moderada. Como se ve, esto, aunque grave, es muy diferente de los "más de 400 desnutridos" del título. En todo caso, debería haberse hablado de niños mal alimentados.

Homónimos

«En las palabras cruzadas del 30 de enero, en verticales, nº 10, figura la referencia 'piedra para hacer vasijas'. En la solución, al día siguiente, aparece la palabra ollar. En el Diccionario Salvat, ollar está definido como 'orificio de la nariz de las caballerías'. Nada parecido. Tendrá alguna relación con olla, pero no lo entiendo; nunca oí de una piedra con ese nombre», escribe Marta Julia Lonati. La referencia es correcta y también lo sería si se hubiera puesto la definición que cita la lectora. Son dos homónimos. El sustantivo ollar ´orificio de la nariz de las caballerías viene del galaico-portugués ollo, que significa 'ojo' . El nombre de la piedra llamada ollar o piedra ollar viene, como bien ha intuido Lonati, de olla.

Los dígrafos

Escribe el ingeniero Conrado Estol:

«En la columna Cuando las letras son muchas, del 28 de enero, veo: "Los nombres de las consonantes en su mayoría terminan en -e y agregan -s para formar el plural: bes, ces, ches, efes, eles, emes, haches, uves, etcétera». En mis tiempos, en el Nacional de Buenos Aires, así era, pero entiendo que el asunto ha cambiado y la ch, incluida en esa lista de consonantes, no es más una letra (pérdida que por alguna extraña razón he lamentado), sino un simple, o no tan simple, dígrafo. ¿Es así, efectivamente, o estoy confundido después de tantos años y de tantos cambios en las reglas que me enseñaron?»

La che es un dígrafo y siempre lo fue. Esto no ha cambiado ni puede cambiar, a menos que se decida cambiar el signo gráfico que la representa. Pero ese signo gráfico, efectivamente «no tan simple», porque es doble, representa una sola consonante (africada, palatal, sorda) y como consonante está mencionada la che en el texto que cita el lector. Sin embargo, si se la hubiera mencionado como letra, esto tampoco sería incorrecto, porque tradicionalmente los dígrafos che y elle, por representar cada uno una sola consonante, han sido considerados letras de nuestro alfabeto. Y esto tampoco ha cambiado. Lo único que ha cambiado es que, desde 1994, para ordenar palabras alfabéticamente, cada uno de los dos signos que forman esos dígrafos se considera por separado.

Leemos en el Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española: «Como las demás lenguas románicas, el español se sirvió básicamente de la serie alfabética latina, que fue adaptada y completada a lo largo de los siglos. El abecedario español está hoy formado por las veintinueve letras siguientes: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z. Esta variante española del alfabeto latino universal ha sido utilizada por la Academia desde 1803 (cuarta edición del Diccionario académico) en la confección de todas sus listas alfabéticas. Desde esa fecha, los dígrafos ch y ll (signos gráficos compuestos de dos letras) pasaron a considerarse convencionalmente letras del abecedario, por representar cada uno de ellos un solo sonido. No obstante, en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, se acordó adoptar el orden alfabético latino universal, en el que la ch y la ll no se consideran letras independientes. En consecuencia, las palabras que comienzan por estas dos letras, o que las contienen, pasan a alfabetizarse en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. Esta reforma afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte».

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