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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Miércoles, 8 de octubre del 2008

LA LENGUA VIVA: QUISICOSAS Y GRAMATIQUERÍAS

La estructura de un idioma no es tan mecánica como la de un polispasto. Es más una cosa viva y proteica. El uso culto determina que se diga mejor «adecua» (como «averigua») y «avalúa» (como «actúa»).


Ignacio Frías me dice que el verbo «ir» tiene una forma imperativa clara: «id». Por tanto, se puede decir «idos». Bien, eso será en la correcta estructura gramatical, pero lo interesante es que en el habla corriente nadie va a decir «idos». Lo más probable es que diga «iros». Mi modesta tesis es que tratamos de suavizar el tono autoritario del imperativo con diversos subterfugios. Uno de ellos es pasarse a la forma del infinitivo. «Cerrad la puerta» suena demasiado solemne y autoritario. En su lugar se digiere mejor el «cerrar la puerta».

Mario Pineda suscita la cuestión batallona de las concordancias entre sujeto y verbo cuando el sujeto es colectivo (gente, mayoría, rebaño, etc.) o cuando hay dos sujetos, Por ejemplo, propone esta frase «el chico americano y francés dijeron que no». Yo lo pondría así: «el chico americano y el francés dijeron que no». Está claro que son dos sujetos. Respecto al sujeto colectivo, mi oído se queda más tranquilo con el verbo en singular, pero si el sujeto aclara de lo que está compuesto, el verbo va mejor en plural. Así, «la mayoría opina» o «la mayoría de los españoles opinan». En el segundo caso, a pesar del artículo «la» en singular, el sujeto es claramente plural. De todas formas, la norma dicha es la que yo sigo (aunque no siempre), pero me temo que no es la canónica. Mi oficio es el de escribir, no el de prescribir y mucho menos el de proscribir los usos lingüísticos.

Pedro Manuel Araúz Cimarra (Manzanares de la Mancha, Ciudad Real) se plantea la duda de si decir «el mar» o «la mar», «el pus» o «la pus». En la práctica ambos sustantivos son ambiguos. Los de tierra adentro decimos «el mar»; las personas en contacto con el paisaje marítimo o con la pesca suelen decir «la mar». Uno no se hace «al mar» sino a «la mar». La exclamación eufemística «me cachis en la mar salada» impone el femenino porque se trata de evitar la dureza de «cagarse en la madre» y no digamos «en la Madre» (de Jesús). Uno puede estar hecho «un mar de lágrimas» y ahí se exige el masculino. Pero «la mar de» puede significar «mucho» o «gran cantidad» en el habla coloquial. Quizá ese «mar» proceda de «magnus» no de la masa de agua salada que contrasta con la tierra. La voz «pus» requiere el masculino, pero solo en el habla culta del dialecto de España. En los dialectos americanos es corriente la forma femenina. En el lenguaje coloquial de los españoles es también muy frecuente la forma femenina. Recuerdo, hace ya muchos años, tuve que ser atendido en un hospital norteamericano. Se me había infectado una herida en un dedo de la mano y no sabía cómo decirle al médico que yo sentía el «pus». No había necesitado nunca recurrir a ese concepto en mis parvos y especializados conocimientos de inglés y no sabía cómo se podía traducir. Así que le dije al médico que sentía en el dedo un líquido amarillento como consecuencia de la infección. El atento galeno me cortó: «Ah, you mean pus». Una vez más, la palabra latina se ha incorporado tanto al español como al inglés. Por suerte en inglés los objetos inanimados no tienen género (excepto los vehículos y los entes territoriales, que pueden ser femeninos). De «pus» procede «purulento» o «pusilánime». Por cierto, el tabú contra el color amarillo (da mala suerte) procede de que el pus tiene ese color así como algunas sustancias pútridas o venenosas.

Carlos M. Padrón, a propósito sobre «adecua» o «adecúa» (me inclino por la primera), redarguye que, si decimos «adecua» habría que decir «evalua» y no «evalúa». No hay por qué. La estructura de un idioma no es tan mecánica como la de un polispasto. Es más una cosa viva y proteica. El uso culto determina que se diga mejor «adecua» (como «averigua») y «avalúa» (como «actúa»). Aun así, me temo que en todos esos casos y otros parecidos, caminaremos hacia el uso potestativo de cualquiera de las dos formas.

Gabriel Ter-Sakarian Arambarri me pone un telegrama: «¿¡Poco agua!? ¡Craso error!». Demasiados signos de admiración o de escándalo para una persona tan comedida como don Gabriel. Repito que, en mi opinión, debe decirse «poca agua», pues el agua es una voz femenina. Pero también suena mejor «un poco de agua». En ese caso «un poco» funciona como una locución adverbial (= algo) y, por tanto, no requiere género. También puede ser que «un poco» sea un sustantivo equivalente a «una pequeña cantidad». De todas formas, en el uso popular se puede oír «una poca de agua», no pasa nada. En estas materias los errores rara vez son «crasos».

Diego López Ordónez se queja de la supresión del artículo en los rótulos de algunas calles. Cita algunos ejemplos: «Calle la Reina», «Calle Infantes», etc. Creo que tiene razón. Sin embargo, en el habla popular madrileña a veces se elimina bonitamente ese artículo por influencia de los nombres de las estaciones de Metro. Por ejemplo, «situado en Sol» (= en la Puerta del Sol). Hay una excepción opuesta en la que el pueblo añade un simpático artículo: «Plaza de la Cibeles».

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