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| Amando de Miguel
Libertad Digital (España)
Miércoles, 5 de marzo del 2008

LA LENGUA VIVA: LETRAS Y NÚMEROS

A don José le preocupa esa plaga de los «niños de cero a tres años» o el «coste cero» de algunos productos. No creo que haya que tomárselo con tanto rigor matemático.


Son muchos los libertarios que me señalan la paradójica exactitud de la definición de gigabyte según María Moliner («unidad que equivale aproximadamente a 1000 megabytes»). Según esos libertarios tan listos el adverbio aproximadamente está en su punto, pues, en el sistema binario de la informática, un gigabyte equivale 1.073.741.824 bytes. En cuyo caso hay que reconocer la estupenda capacidad de anticipación que tuvo doña María Moliner. Bien es verdad también que el prefijo giga, según el sistema Internacional de Unidades, indica «mil millones». Lo que no me explico es por qué seguimos diciendo bytes en español, pronunciado baits. ¿No sería mejor escribir directamente baits? Es la misma lógica por la que escribimos fútbol. A no ser que queramos indicar que eso de los bytes es materia misteriosa.

Eduardo Aranda (Roma) plantea la cuestión del plural que corresponde al euro. Observa don Eduardo que en los billetes figura esta forma «20 euro» o cualquier otra cantidad. Luego el euro no tiene plural. No me vale el razonamiento. El euro tiene plural, «euros», como es lógico. Otra cosa es que, por influencia de la moda, los billetes digan «20 euro». Mal dicho; tendría que ser «20 euros». Aunque, si bien se mira, en los billetes norteamericanos pone en letra «twenty dollars». Lo que ocurre es que, cuando el dólar es un símbolo ($), se escribe $20. En ese caso se lee «dollar twenty», por la sencilla razón de que el símbolo funciona como adjetivo y en inglés el adjetivo no lleva plural. Pero esa norma resulta absurda en español, por lo que la expresión «euro 20» carece de sentido. Otra cosa es que se imponga por tontería, como sucede en tantos otros dominios.

José Escudero afirma que no existe un kilómetro cero en la Puerta del Sol, pues los kilómetros van del 1 al 1.000 y, por tanto, no tienen cero. A don José le preocupa esa plaga de los «niños de cero a tres años» o el «coste cero» de algunos productos. No creo que haya que tomárselo con tanto rigor matemático. Cierto es que el cero es la ausencia de números, pero resulta muy cómodo anunciar una bebida con «cero calorías». Aquí, en los Estados Unidos, los edificios de varios pisos suelen denominar «piso 1» a lo que en España llamamos «planta baja» o «cero» por conveniencia de los teclados de los ascensores. No creo que se haga mal a nadie con esa licencia matemática. Lo de la planta «cero» me parece un acierto. En la Puerta del Sol de Madrid hay, efectivamente, una losa que pone «Kilómetro cero». Es un buen símbolo para indicar que en ese punto confluían los seis grandes caminos, ahora autovías radiales desde Madrid. Si se dijera «Kilómetro uno», alguien se podría preguntar desde dónde se han empezado a contar los mil metros.

Por lo mismo, se entiende perfectamente que «cero grados centígrados» es la convención desde la que empieza a escalarse la temperatura. Igual que el «cero absoluto» equivale a -273 grados (creo). No es lo mismo «cero grados» que «un grado», sea la escala que se considere. La cuenta bancaria puede estar «a cero», esto es, sin ningún euro a favor o en contra. En El Escorial hay un manuscrito árabe del año 1000 en el que figuran los nueve dígitos (del 1 al 9) más el cero. Es la primera vez en Occidente que aparece ese misterioso cero. Es todo un símbolo del progreso científico que supuso la incorporación del cero a los cálculos. Los romanos no tuvieron esa dicha del número cero. Me apena que lo hayan proscrito de las calificaciones escolares. Claro que más barbaridades se han visto.

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