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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
jueves, 18 de junio del 2009

LA LENGUA VIVA: FRASES QUE FACILITAN LA VIDA

León Zeldis Mandel (Israel) añade una corrección escéptica al estereotipo de la luz al final del túnel. Bien podría ser «la de las lámparas de los zapadores del Gobierno excavando otro túnel más largo».


Pedro Manuel Araúz Cimarra (Manzanares de la Mancha, Ciudad Real) cuenta que lo de a buenas horas mangas verdes proviene de los tiempos de los tercios de Flandes. Había un regimiento especializado en atender llamadas de socorro y sus soldados llevaban casacas verdes. No me parece una interpretación muy verosímil. Las casacas verdes eran el uniforme de las cuadrillas de la Santa Hermandad, una especie de policía judicial moderna, impulsada por los Reyes Católicos y que (según la frase) no era demasiado efectiva para perseguir a los malhechores. O al menos esa era la impresión que tenía el pueblo llano.

La Santa Hermandad fue un antecedente remoto de la Guardia Civil, que también eligió el color verde para los uniformes. Hoy diríamos que ese color se decidió para poder camuflarse en el campo, pero tampoco es que el color verde predomine siempre en el campo español. Antes de la época de los tintes químicos, el color verde era bastante caro porque se obtenía de compuestos de cobre que eran onerosos. Por esa razón el color verde se asociaba con las clases distinguidas.

Recordemos la figura del Caballero del Verde Galán, el hidalgo rico del Quijote. La creencia de que la policía llega demasiado tarde al lugar del crimen es un lugar común en todos los tiempos y países. Naturalmente, la tardanza se valora en relación con los deseos de que la policía resuelva los conflictos. Resulta curioso que la actitud general hacia la policía se establezca muchas veces desde el punto de vista de los delincuentes.

Luis Lebredo (Redlands, California, Estados Unidos) aporta un comentario chistoso a propósito de la polisemia de verde. Es un anuncio que dice: «viejo verde solicita jovencita ecológica». Don Luis me asegura que en Cuba la frase a buenas horas mangas verdes se refiere a unas frutas conocidas como mangas.

Hug Banyeres recoge este coloquialismo: fino cañerías, para indicar el agua del grifo como bebida.

Pedro Liedo (Pachuca, Hidalgo, México) comenta que en su país, la frase una de cal y otra de arena derivó en una de cal por las que van de arena. Significa la necesidad de equilibrar una situación o también sirve para justificar una acción ante algo que se considera un abuso. Hermosa variedad del español.

Pedro Araúz Cimarra se maravilla de que la expresión pagar el pato provenga de pagar el pacto, esto es, un tercero paga la culpa de un pacto que se ha roto entre dos personas. Se lo ha oído a Pancracio Celdrán entrevistado por Fernando Sánchez Dragó.

Debo añadir que esa expresión aparece ya en el Vocabulario de Gonzalo Correas, contemporáneo de Cervantes. Dice que significa lastar (= anticipar un pago a otro) y ser castigado. En el Diccionario de Autoridades de 1737 se dice que pagar el pato equivale a 'padecer o llevar alguno la pena o castigo no merecido'. El Diccionario de Barcia de 1880 dice que esa frase familiar significa 'padecer o llevar alguno la pena o castigo no merecido o que ha merecido otro'. En el libro de José Mª Iribarren El porqué de los dichos (1993) se señala que quizá se aluda al pacto que tenían los judíos con Dios como símbolo de su religión. Por tanto, pagar el pato aludía a que los pobres judíos llevaban las de perder en su relación con los cristianos. Otra interpretación es que, en algunos juegos tradicionales pato es lo que hoy entendemos por empate; es que ninguno gana. Por tanto, pagar el pato podía ser el esfuerzo que había que hacer para desempatar.

Antonio García Vilanova se refiere a la expresión mundo mundial que se dice ahora con tanta frecuencia. «¿Es sólo un pleonasmo o una ridiculez?», dice don Antonio. Nada de eso. Se trata de una ironía; sólo que, de tan repetida como es acaba siendo una muletilla con poca gracia. Por ese lado puede ser uno de tantos pleonasmos que empleamos para llamar la atención. Desde luego, no se debe tomar en serio. Ignoro quién fue el primero al que se le ocurrió esa gracieta.

Sobre la polisemia de carallo, Agustín Fuentes recuerda el ambiente de los pescadores gallegos en tiempos de su madre. Cuando recogían percebes de buena calidad los pregonaban de esta forma: «gordos como carallos d´home».

León Zeldis Mandel (Israel) añade una corrección escéptica al estereotipo de la luz al final del túnel. Bien podría ser «la de las lámparas de los zapadores del Gobierno excavando otro túnel más largo».

Raúl Felipe Montoya es un antiguo alumno que me recuerda la técnica que yo tenía al dar la clase, que era el recurso al absurdo o al humor para llamar la atención del auditorio. Es algo parecido a la función que yo atribuyo aquí a las muletillas que se emplean en la conversación cotidiana. Eso es así, pero en uno y otro caso el peligro está en la excesiva reiteración, lo que provoca lo contrario de lo que se pretende. Es decir, el auditorio o el interlocutor pueden deslizarse por la pendiente del tedio.

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