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| Amando de Miguel
Libertad Digital, España
Jueves, 6 de agosto del 2009

LA LENGUA VIVA: EL OSCURO E INTRIGANTE ORIGEN DE ALGUNAS PALABRAS

No se puede decir que «villa de Madrid» signifique menoscabo frente a la «ciudad de Valladolid». Lo que sí ocurre es que «villano» equivale al estado llano de una población y deriva incluso en un insulto, algo así como rústico o maleducado.


YF me adjunta un texto de Fernando Navarro sobre el origen del chotis madrileño. Es una corrupción de schottisch (= escocés), una danza escocesa popularizada por los alemanes en el s.XIX. Añado que el primer chotis madrileño se bailó en 1850 en el Palacio Real, todavía con el nombre de «polca alemana» y con carácter cortesano. Pronto se popularizó y se hizo un ritmo característico de las verbenas. Chotis famosos fueron los compuestos por el granadino Francisco Alonso o el mexicano Agustín Lara.

Manix (Manuel Arranz Suárez) sostiene que lo de «andar con el bolo colgando» proviene de la Guerra de Cuba, en donde el «bolo» era el equivalente del machete. Se pregunta don Manix si lo de llamar «bolos» a los toledanos no tendrá algo que ver con la fabricación de armas blancas. No lo creo. Se trata de uno de tantos apelativos denigratorios. «Bolo» viene del griego y quizá sea una voz natural para designar un objeto redondeado, romo. De ahí su uso en algunos juegos y, por extensión, el perdedor de ellos. En el medio literario donde me muevo hacen bolos los conferenciantes que van rodando de plaza en plaza (o de evento en evento) dispuestos a soltar sus disertaciones más o menos preparadas de antemano. Es, además, una forma de hacer turismo paisajístico y gastronómico por parte del conferenciante. Hacen bolos los cómicos de la legua, estos es, los que componen compañías itinerantes, normalmente modestas. Se llamaban así porque no podían actuar a menos de una legua de un lugar donde había compañía fija de teatro.

César Blanco Castro observa el uso reciente de «cuidad» para designar a muchas urbanizaciones o barrios. Don César se pregunta cuál es la diferencia entre ciudad, pueblo o villa. En efecto, ahora hay un abuso del título de «ciudad» para cualquier urbanización o barriada de nueva planta, quizá por influencia del inglés americano (city). Históricamente no había una distinción clara entre ciudad, pueblo o villa, salvo que la villa fuera inicialmente un asentamiento más rural. Los tres eran términos equivalentes para designar a los habitantes de un lugar y también a la traza física (edificios, calles, plazas) de ese lugar. Se utilizaba uno u otro nombre (derivados del latín) para indicar los derechos y privilegios de esos habitantes. No se puede decir que «villa de Madrid» signifique menoscabo frente a la «ciudad de Valladolid». Lo que sí ocurre es que «villano» equivale al estado llano de una población y deriva incluso en un insulto, algo así como rústico o maleducado. En cambio, «ciudadano» significaba lo que después sería la clase media de una población y, por extensión, los hombres libres. Hoy «ciudadanos» son todos los habitantes de una unidad territorial. Es interesante recordar que la voz «pueblo» designa tanto el lugar físico de casas próximas como a sus habitantes y, por extensión, a los habitantes de una nación.

Juan José Garaeta apoya la explicación de que, en la frase hecha «a buenas horas mangas verdes» las mangas verdes fueran originariamente las de los cuadrilleros de las Santa Hermandad. No obstante, no estoy de acuerdo con que lo de «cuadrilleros» provenga de los virotes (= saetas, venablos) con sección cuadrada que empleaban los miembros de la Santa Hermandad. Al menos en el tesoro de Covarrubias está claro que los «cuadrilleros» derivan de que formaban grupos (hoy diríamos comandos) de al menos cuatro personas. Don Juan José da la razón a Eduardo Fungairiño sobre el color azul de los uniformes de la Guardia Civil hasta la época de Franco. En efecto, así fue. Añado que solo hay un momento, a finales del siglo XIX, en que al uniforme azul se añade una capa azul verdosa a la que se suma una especie de pañuelo rojo. La terrible combinación ha quedado eternizada en el famoso cuadro «La carga» de Ramón Casas de 1899.

César Blanco Castro recuerda que, tradicionalmente, a los guardias civiles se les llamaba «guiris». La explicación convenida es que, durante la Primera Guerra Carlista, los carlistas llamaban «guiristinos», una corrupción de «cristinos» a los liberales o partidarios de la reina Cristina. También los llamaban «orzayos» (= niñeros) porque la que iba a ser Isabel II era una niña al tiempo de la guerra (1833–1839). También puede ser que las tropas liberales llevaban una chapa en la gorra con las iniciales G.R.I. (= Guardia Real de Infantería). Creada la Guardia Civil pocos años después, sus miembros recibieron el nombre popular de «guiris». En la parla actual los «guiris» son los turistas extranjeros, principalmente anglosajones, quizá porque su lengua es un guirigay (= habla difícil de entender).

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