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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Martes, 9 de junio del 2009

LA LENGUA VIVA: EL ORIGEN OCULTO DE LAS PALABRAS Y DE LOS HECHOS

Don Manix sostiene que el alirón del Athlétic de Bilbao equivale al all iron (= todo hierro), el rótulo que designaba el mineral de alta calidad.


Pedro Araúz Cimarro (Manzanares de la Mancha, Ciudad Real) recoge mi comentario sobre el carácter estacional de las epidemias de gripe, las cuales se suelen presentar en primavera o en otoño. Don Pedro asegura que ese mismo carácter lo tienen otras enfermedades, como la úlcera duodenal. Supongo que hay más ejemplos.

Sobre la famosa gripe de 1918, Juan J. Carballal precisa que lo de haberla llamado «gripe española» es una manifestación más de la tendencia a atribuir las epidemias a los extranjeros. Así, la sífilis fue el «morbo gálico» que decían los italianos o el «mal napolitano», que decían los franceses. Respecto a la palabra gripe, don Juan me remite a la Nueva Enciclopedia Larrouse en la que se aduce que el origen está en el alemán grupen (= temblar de frío). Me quedo con la interpretación que trae el Diccionario de Barcia, el que la gripe procede de un verbo en las lenguas nórdicas que significa 'agarrar'. La verdad es que ese origen coincide con la expresión coloquial de «agarrar una gripe o un catarro».

Juan Mateo Bosch discrepa de mi apreciación de que la gripe de 1918 fue poco virulenta en España, pues solo produjo unas 250.000 muertes. Ya sé que son muchas, pero fue más violenta en otros muchos países. Singularmente afectó a los esquimales. Seguramente la peste bubónica de 1350 fue mucho más mortífera, en España y en toda Europa, pero sobre el particular no hay estadísticas.

Juan González-Castelao se maravilla de ese hecho, común a distintos idiomas, de la imitación de ciertos sonidos en la formación de algunas palabras. Aduce el ejemplo de flor (en otras lenguas fleur, fiore, flower, bloem, Blume) que indica la sensación de que las plantas se abren para dar paso a los frutos. Se pregunta don Juan si ese fenómeno tiene algún nombre en la Lingüística. Claro que sí: la onomatopeya. Hay un precioso diccionario, el de Voces naturales, de Vicente García de Diego, en el que se rastrean las onomatopeyas en español y en otras lenguas.

Manuel Arranz Suárez recuerda que el patronímico de los habitantes de Lérida o Lleida es el de ilergetes o ilerdenses. La leyenda romana dice que los tales lucían tambores con la piel del caudillo muerto para así enardecer a los soldados. Me entra la duda de si en el tiempo de los romanos había ya tambores; ¿no fue un invento de los árabes? Añade don Manuel que esa costumbre bárbara de los ilergetes quizá sea la clave de la costumbre militar posterior de «despellejar a los jefes» ('zaherirlos').

Antonio Blanco Sánchez (Majadahonda, Madrid; zamorano de nación) interpreta la versión plural de buenos días como una derivación del bonus díes de Virgilio. Don Antonio plantea la duda de por qué esa misma derivación no se ha dado en los otros idiomas romances. Efectivamente, ese es el quid de la cuestión. Sigue siendo un misterio por qué los castellanos dijeron buenos días y no buen día. Quizá se refieran esos días a los que tardan los frutos en madurar. Desde luego, en latín, dies, en plural, avala esa interpretación. La vida especialmente dura de los primitivos castellanos explica que se acogieran a esa interpretación climática de los días.

Manix (el hombre desea conservar su seudónimo) me apunta, con razón, que txapela (= boina) proviene del latín capellum, de cuyo origen se deriva el capelo cardenalicio y el chapeau francés. Añado el cap (= gorra) inglés y la capucha o el capirote de los españoles. Don Manix sostiene que el nombre de Bilbao proviene del latín Bulbonia, porque en ese lugar los romanos encontraron mineral de hierro en forma de bulbos. El alirón del Athlétic de Bilbao equivale al all iron (= todo hierro), el rótulo que designaba el mineral de alta calidad.

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