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| Blog de Pilar Cambra
app2.expansion.com, España
Viernes, 16 de noviembre del 2007

LA LENGUA SE TUNEA

Lo prometido es deuda... Hace algunos días anuncié que comentaría las recientes venias que la Real Academia Española ha otorgado a vocablos y expresiones considerados por los doctos miembros de la RAE como intrusos, marginales y forajidos de la pureza de nuestra lengua castellana... Los académicos han procedido a lo que, con el permiso de estos mismos académicos, llamaré «un tuneado» del idioma: hecho más a medida de los hispanoparlantes, más al día, más colorista, más...


Y es que, durante decenios y decenios, la Real Academia Española ha cumplido con su honorable e inapreciable misión de «limpiar, fijar y dar esplendor» a nuestra lengua castellana —a la que Dios guarde muchos años a salvo del idioma manejado por los niñatos del teléfono móvil y otros vándalos por oficio— con morosidad, minuciosidad y lentitud: tal pareciera que los señores académicos manejaban estropajo y jabón Lagarto despacio, despacio…

En los últimos tiempo, sin embargo, diríase que los doctos guardianes de nuestro idioma han contratado a Don Limpio —ese calvorota que protagoniza anuncios en la tele sobre cómo dejar reluciente la casa más enguarrada en un decir «amén»— en plan asesor áulico… La RAE lleva hoy una velocidad de crucero de aceptación de vocablos en el seno del Diccionario, bendiciéndolos como «ortodoxos», que los académicos, más que tales, parecen pilotos de Fórmula 1…

En la última hornada de palabras y expresiones que ya podemos considerar correctas y usar sin temor ni temblor se incluyen, por ejemplo, neura —por 'obsesión', 'manía' o comportamiento impredecible—; subidón —excitación causada por determinadas circunstancias o substancias más o menos legales—; modernez —por cursi afectación al pretender ser más moderno que nadie—; comer la moral —supongo que pronto será legal, también, comer el coco, que viene a ser lo mismo—; vender la burra —por intentar colocar a otros una cosa, idea o producto completamente averiado—; y animal de bellota —por ser muy bestia, muy bestia, pero que muy bestia—. Mi humilde y, a la par, cordialísima enhorabuena a la Real Academia: rápida y, además, bienhumorada…

Pero, tras felicitar a la RAE por dejar nuestro idioma tuneado, amén de limpio, fijo y lleno de esplendor, se me plantea una duda: ¿resisistirá el Diccionario oficial tal avalancha de novedades?, ¿llegará el Diccionario a tal grado de obesidad que deberá someterse a una dieta drástica?… Digo: antaño, en los vagones de Metro figuraba en el dintel de sus puertas un aviso que rezaba «antes de entrar, dejen salir»… ¿Sobran voces en nuestro idioma?, ¿existen vocablos que ensucian tanto a quien los pronuncia o impone por obra en sus acciones lo que significan que casi están exigiendo una condena al infierno del olvido? En suma: a usted, ¿qué palabra o palabras le gustaría suprimir de un plumazo dado su horrible significado?

Yo me pido tres: malicia, traición y desamor

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