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| Pablo Ramos Méndez
El Universal (Caracas, Venezuela)
Viernes 12 de enero del 2007

LA LENGUA EN SALSA: EXPRESIONES COLOQUIALES II

El miércoles 3 de enero de este año, leí algo en un artículo de El Universal, que me causó hilaridad. El resaltado decía: La mitad de la población de los países en desarrollo no tiene inodoros, pero nadie hace nada. Mi comentario, que hizo reír a los presentes fue: Dígame si hicieran.


Cuando escribí lo de la diéresis, en la columna anterior, es porque por la mente, como un relámpago, me pasó el nombre de un negocio que se ocupa de la venta de hielo y a cuyo nombre, no sé por qué la omitieron: Pinguino, palabra que al ser pronunciada debe leerse en forma diferente a Pingüino, que es como debe ser.

Las digresiones, en mi caso, son imprescindibles por lo didáctico que son.

Es por ello y por lo que dije de los alumnos de la profesora de un liceo de Caracas y de uno que otro lector, que me veo en la imperiosa necesidad de explicar algunos términos que utilicé en columna anterior.

Deíctico es el adjetivo que corresponde a deixis. ¿Y qué es deixis?, me preguntará algún interesado en el intríngulis del lenguaje.

Para no recurrir al diccionario, les diré, simplemente, que cuando usted dice: esto, esa, aquella, ello, sustituyendo al verdadero nombre o sustantivo, usted está siendo deíctico o anafórico. También un gesto puede ser deíctico.

Otra digresión: Cuando me referí al Me duele la vista, para no hacerla tan extensa, y por temor a la crítica de Miguel Ángel, me eximí de mencionar otros casos similares como cuando la gente dice: Doctor, me arde la orina, cuando sabemos que la orina no arde.

A este respecto tenía otra digresión, pero en aras de la brevedad y de lo que ustedes están pensando, lo dejaremos de este tamaño.

De todas maneras, y para que usted sonría, es como si a alguien que tenga un dolor en la lengua dijera: Doctor, me duele el habla.

Algunos escritores se cuidan de la colocación del pronombre en su lugar, de acuerdo con el lenguaje culto: Él pudo convencerlo, en vez de Él lo pudo convencer. Yo pude enviarlo, en vez de Yo lo pude emviar.

Te lo voy a decir, en vez de Voy a decírtelo, que además de que ese «lo» no es complemento de voy, la otra forma es mucho más elegante.

Ayer no más, oí una famosa canción en la cual se expresa: Voy a acabarla perdiendo, que no es lo mismo, ni se escribe igual que Voy a acabar perdiéndola, ¿o no?

Veamos otras situaciones: Me voy a bañar. Cuando mis hijos me decían esto, les preguntaba: ¿A quién? ¿A quién vas a bañar: al perro o al hermanito? Ahora dicen, Voy a bañarme, que es una acción refleja, y que como afirmaba el cómico de la TV que imitaba al trinitario: 'No tiene pa pielde con nadie'.

Existe una canción famosa que dice: Me voy a bañar/ dame tu jabón /güireñita mía/ tú serás mi amor. Observe la diéresis en güireñita.

Esto del baño y la ducha me hace recordar el cuento del gallego que estaba en la ducha y le grita a su mujer:

—Epifania, tráeme el champú, que se me olvidó.

Cuando ella se lo entregó, él le vociferó:

—Este no me sirve, porque aquí dice: Para pelo seco y yo lo tengo mojado.

Como el espacio se terminó, no me voy a retirar, sino que Voy a retirarme.

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